Estar indexado y ser entendido no son lo mismo, y esa diferencia ya te está costando clientes

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Estar indexado significa que un buscador guardó la dirección de tu web en un catálogo enorme y la muestra cuando alguien teclea las palabras adecuadas. Ser entendido por una Inteligencia Artificial es otra cosa completamente distinta: significa que un sistema puede explicar, con sus propias palabras, quién eres, a qué te dedicas y por qué alguien debería elegirte a ti antes que a otro. La primera es una casilla técnica que se resuelve una vez y ya está. La segunda es la que hoy decide, de verdad, si apareces dentro de una conversación en la que ni siquiera estás presente.

¿Qué hacía Google durante veinte años, exactamente?

Un buscador tradicional no lee tu web como la leería una persona. La recorre con un programa, identifica palabras, enlaces y estructura, y decide en qué posición mostrarte cuando alguien busca algo parecido a lo que ofreces. Es un sistema de coincidencias, afinado con miles de señales, pero coincidencias al fin y al cabo.

Durante veinte años, ese sistema fue suficiente. Si tu web mencionaba las palabras correctas, con la autoridad suficiente, aparecías. El usuario hacía el resto: entraba, leía, comparaba, decidía. El trabajo de comprender quién eras se lo dejaba el buscador al ser humano que hacía la búsqueda.

¿Qué hace distinto una Inteligencia Artificial cuando le preguntan por ti?

Cuando alguien le pregunta a ChatGPT, a Gemini o a Perplexity por un profesional de tu sector, la máquina no se limita a mostrar una lista de enlaces. Construye una respuesta. Elige qué mencionar, qué omitir y cómo ordenar la información, y presenta esa construcción como si fuera un resumen neutral de la realidad.

Ese paso, el de construir una explicación en vez de mostrar una lista, es el que cambia todo. Ya no basta con que tu nombre esté guardado en algún catálogo. Hace falta que el sistema tenga suficiente material claro, coherente y verificable sobre ti como para construir esa explicación sin inventar ni rellenar huecos con suposiciones.

Un ejemplo sencillo: la diferencia entre aparecer y ser explicado

Imagina dos profesionales con webs igual de bien posicionadas en Google para la misma búsqueda. Uno de ellos lleva años publicando explicaciones claras sobre su forma de trabajar, con ejemplos concretos y un criterio reconocible. El otro tiene una web correcta, con las palabras adecuadas, pero sin ningún texto que explique de verdad cómo piensa o cómo trabaja.

Ante una búsqueda tradicional, los dos aparecerían más o menos igual de bien. Ante una pregunta hecha a una Inteligencia Artificial, es mucho más probable que el sistema pueda construir una respuesta completa sobre el primero, y que sobre el segundo solo pueda decir generalidades, o directamente rellenar los huecos con suposiciones poco fiables.

Un caso que veo repetirse: el profesional que confunde presencia con comprensión

Llevo tiempo viendo el mismo patrón en profesionales con mucha trayectoria: dan por hecho que, como llevan años en internet, cualquier sistema que analice su nombre va a entenderlos bien. Confunden presencia con comprensión, y son cosas distintas.

Presencia es que tu nombre aparezca en varios sitios. Comprensión es que, a partir de ese material, alguien o algo pueda explicar con precisión en qué eres distinto de los demás. Se puede tener mucha presencia y muy poca comprensión, y ese es exactamente el punto ciego en el que caen muchos profesionales con más años de oficio.

¿Por qué «estar indexado» ya no garantiza nada?

Estar indexado siempre fue una condición necesaria, nunca suficiente, para que te encontraran. Pero al menos garantizaba que, si alguien buscaba exactamente lo que tú ofrecías con las palabras correctas, tenías una oportunidad real de aparecer entre los resultados.

Con una Inteligencia Artificial que responde con una explicación construida, esa garantía desaparece. El sistema puede saber que existes, tener tu web indexada, y aun así no mencionarte, simplemente porque no encontró en tu material suficiente sustancia como para incluirte en la respuesta que estaba armando.

La trampa de pensar que publicar más resuelve el problema

Es tentador pensar que la solución es publicar más contenido, más páginas, más palabras clave. Pero el volumen no es lo que hace que una Inteligencia Artificial entienda mejor a alguien. Lo que ayuda es la claridad: que quede dicho, sin ambigüedad, quién eres, qué haces distinto y por qué eso importa para quien pregunta.

He visto webs con cientos de artículos que, leídos por una máquina que intenta resumir a la persona detrás, no dejan claro absolutamente nada sobre su criterio. Y he visto webs pequeñas, con muy poco contenido, pero tan concretas en lo que dicen, que cualquier sistema puede explicar en dos frases exactas quién es esa persona y en qué es distinta.

¿Ser entendido depende del idioma en el que escribes?

En parte sí. Los modelos de lenguaje tienen más material de entrenamiento en inglés que en español, y eso influye en la calidad de lo que pueden explicar sobre alguien que escribe solo en español. Pero el idioma no es la variable que más pesa.

La variable que más pesa es si existe, en cualquier idioma, un texto claro y bien construido que explique quién eres. Un profesional que nunca ha escrito una sola frase sobre su propio criterio no va a ser mejor entendido por escribir en inglés. Va a seguir siendo un hueco que la máquina rellena como puede.

¿Qué pasa si dos Inteligencias Artificiales distintas explican cosas distintas de ti?

Es más habitual de lo que parece. ChatGPT puede tener una versión de ti construida con datos de hace un tiempo, mientras que Perplexity, que busca en tiempo real, puede describir algo distinto porque encontró una fuente diferente ese mismo día. No hay una única «verdad» que todos los sistemas compartan sobre ti.

Esto no significa que uno de los dos sistemas esté mintiendo a propósito. Significa que cada uno construyó su explicación con el material que tenía a mano en ese momento, y que ese material puede ser distinto, incompleto o simplemente desactualizado según el sistema que pregunte y el día en que lo haga.

¿Y si mi web ya lleva años funcionando bien en Google?

Que una web funcione bien en Google es una buena noticia, y conviene no tirarla por la borda. Pero funcionar bien en un sistema de coincidencias de palabras no dice nada sobre si esa misma web le da a una Inteligencia Artificial material suficiente para construir una explicación completa y correcta sobre ti.

Son dos preguntas distintas, y conviene dejar de tratarlas como si fueran la misma. Una pregunta es: ¿me encuentran? La otra, más nueva y más decisiva, es: si me encuentran, ¿saben de verdad quién soy y por qué elegirme a mí?

¿Se puede medir si una Inteligencia Artificial te entiende, o es solo una sensación?

Se puede medir, y conviene hacerlo con el mismo rigor con el que se mide cualquier otro indicador del negocio. La forma más simple es hacerle a distintos sistemas la misma pregunta que haría un cliente potencial, y comparar la respuesta con lo que tú dirías de ti mismo si tuvieras que resumirte en tres frases.

Cuando esa comparación se hace una sola vez, sirve de poco: es una fotografía de un momento concreto, con un sistema concreto, un día concreto. Cuando se hace de forma repetida, con las mismas preguntas y a lo largo de varios meses, empieza a decir algo real sobre si tu forma de trabajar está de verdad llegando a esos sistemas o si sigue siendo, para ellos, un hueco por rellenar.

La pregunta que de verdad importa a partir de ahora

Durante dos décadas, la pregunta que se hacía cualquier negocio fue: ¿aparezco en Google? Es una pregunta legítima y todavía útil, pero ya no es la que decide si un cliente te elige o no. La pregunta que empieza a decidir eso es distinta: cuando alguien le pregunta a su Inteligencia Artificial sobre alguien como tú, ¿lo que dice se parece a lo que tú dirías de ti mismo?

No conozco todavía una respuesta cómoda a esa pregunta para la mayoría de los profesionales que conozco, ni falta que hace fingir que la hay. La mayoría nunca se lo ha preguntado, porque durante años la única pregunta que importaba era la del buscador, y nadie les enseñó a hacerse la otra. Ese cambio de pregunta es, para mí, el cambio más importante que ha vivido cualquier negocio pequeño en los últimos dos años, más incluso que la llegada de las redes sociales o la del comercio por internet.

Conviene mirarlo junto a lo que ya contamos en Elon Musk apuesta en grande por una nueva era de la Inteligencia Artificial, y también en Predijeron que este ano la busqueda caeria un 25 %. No ha pasado, y eso ensena mas que si hubiera pasado.


Sobre el autor

Javier G. Amblar suma 27 años de experiencia y ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países. Fue profesor asociado del IE Business School, distinguido con el Premio a la Excelencia Docente, y ha pasado por RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio. Es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018) y lidera una comunidad en línea de más de 500.000 personas, además de un canal de YouTube con más de 368.000 suscriptores. Escribe sobre cómo la Inteligencia Artificial entiende, o no, a los profesionales independientes, y dirige RADAR, la herramienta que mide esa comprensión.

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Este artículo se ha elaborado con asistencia de inteligencia artificial para la búsqueda, organización y síntesis de información. El texto final, sus fuentes y sus conclusiones han sido revisados y validados por Anabel Blanco, Editora de IA Actual y Javier G. Amblar, Editor de IA Actual.

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