El 9 de junio de 2026, tres días antes de la salida a bolsa de SpaceX, Elon Musk presentó AI1, un satélite pensado para hacer exactamente lo que hace un centro de datos en tierra, sostener 120 kilovatios de cómputo de media y hasta 150 en pico, según confirmó la propia compañía a Data Center Dynamics. No transmite internet ni hace fotos. Solo calcula. Si te preguntas por qué una empresa manda ordenadores al espacio en vez de construir otra nave industrial, la respuesta es sencilla, en la Tierra ya no hay suficiente energía barata ni forma barata de enfriar tanto chip junto.
Todavía no está en órbita, y eso también importa
Aunque el vídeo de presentación se hizo viral como si el satélite ya estuviera funcionando, SpaceX solo ha mostrado el diseño. Los dos primeros prototipos tienen previsto lanzarse a principios de 2027, con el objetivo de alcanzar cerca de un gigavatio de cómputo orbital al año a finales de ese mismo año. Que todavía no vuele no le quita ambición al proyecto, la compañía ya ha presentado ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos planes para lanzar hasta un millón de estos satélites. Musk, mientras tanto, intenta fabricar él mismo los chips que podrían terminar dominando la Inteligencia Artificial, porque SpaceX ni siquiera tiene garantizado hoy el suministro de procesadores para este proyecto. El máximo responsable de Amazon Web Services ya ha puesto en duda que el plan de lanzar hasta un millón de satélites sea económicamente viable, y no es el único escepticismo que rodea al proyecto.
Por qué el problema nunca fueron los chips
Ian Dahl, director de ingeniería de satélites de SpaceX, lo explicó en el propio vídeo de presentación, la potencia de cómputo del satélite equivale más o menos a la de un solo rack Nvidia GB300, el mismo que hoy consume unos 140 kilovatios en cualquier centro de datos terrestre. La diferencia no está en cuánto calcula, está en dónde se enfría. Sacar el calor de un chip en la Tierra es relativamente fácil, hay aire y agua para eso. Sacarlo en el vacío exige radiar el calor al espacio, y eso cuesta caro, la Estación Espacial Internacional dedica 422 metros cuadrados de radiadores a evacuar apenas 70 kilovatios de calor, con un coste de hasta 500 millones de dólares, según el análisis de la firma SemiAnalysis. AI1 aspira a hacerlo con solo 110 metros cuadrados de radiadores líquidos.
Lo que esto dice de tu factura mensual de Inteligencia Artificial
Ya vimos que montar algo propio con Inteligencia Artificial iba a salir barato, y la factura dijo otra cosa. Este movimiento confirma la misma tendencia desde otro ángulo, si las empresas que fabrican estas herramientas están dispuestas a mandar servidores al espacio para conseguir energía y refrigeración más baratas, es porque en tierra el coste de sostener la Inteligencia Artificial ya pesa lo bastante como para justificar algo tan caro y arriesgado como un satélite. Google paga ya 920 millones de dólares al mes a SpaceX solo por capacidad de cómputo. Ese gasto, tarde o temprano, se traslada a lo que tú pagas cada mes por usar estas herramientas en tu consulta o tu despacho.
No todos están convencidos, y eso también es un dato
Sam Altman, el máximo responsable de OpenAI, calificó los centros de datos orbitales de «ridículos» hace unos meses. No es una opinión menor viniendo de alguien que compite directamente por ese mismo cómputo. La carrera por la energía y la refrigeración es hoy mismo el terreno donde se está decidiendo quién domina la próxima generación de Inteligencia Artificial, y ese terreno ya no es solo terrestre. Para ti, como profesional que paga cada mes por usar estas herramientas, la lección práctica no es si el satélite volará o no. Es que el coste de la Inteligencia Artificial no va a bajar solo porque haya más competencia, va a depender de una carrera de infraestructura que ni siquiera cabe ya en este planeta.
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