El 3 de mayo de 2023, ChatGPT le atribuyó al locutor de radio Mark Walters un cargo que nunca tuvo, tesorero y director financiero de una fundación real, y lo acusó de un delito que nunca cometió, malversación de fondos. Walters demandó a OpenAI. El 19 de mayo de 2025 perdió el caso, no porque los hechos fueran ciertos, sino porque no logró demostrar que OpenAI actuara con la negligencia o malicia que exige la ley de difamación estadounidense. El caso deja una lección incómoda: una Inteligencia Artificial puede inventar tu currículo entero, y que te lo corrijan en un tribunal no es tan sencillo como parece.
¿Qué pasó exactamente?
El periodista Fred Riehl, editor de AmmoLand.com y miembro de la junta directiva de la Second Amendment Foundation, pidió a ChatGPT que resumiera una demanda judicial real, Second Amendment Foundation v. Robert Ferguson, y le proporcionó el enlace. ChatGPT no pudo acceder a la URL, pero en lugar de decirlo, generó un resumen inventado que afirmaba que la fundación había demandado a su propio tesorero y director financiero por malversar fondos, y nombró a esa persona: Mark Walters.
Walters jamás trabajó para la Second Amendment Foundation ni aparecía como parte en esa demanda. La Inteligencia Artificial no distorsionó un dato existente, construyó desde cero un cargo profesional, una relación laboral y una acusación penal completa sobre una persona real.
¿Por qué esto es distinto de una alucinación cualquiera?
No fue un error de fecha ni un nombre mal escrito. Fue la invención de tres elementos verificables a la vez: un puesto directivo, una organización concreta y un delito. Cualquiera de los tres, por separado, ya sería suficiente para dañar la reputación profesional de alguien que busca trabajo, financiación o un cliente nuevo.
Lo que hace especialmente grave este tipo de fabricación es que suena administrativa y aburrida, no sensacionalista. Nadie sospecha que un resumen legal técnico, con nombre de cargo incluido, pueda ser inventado de principio a fin.
¿Cómo terminó la demanda?
Walters demandó a OpenAI ante el Tribunal Superior del Condado de Gwinnett, Georgia. El 19 de mayo de 2025, la jueza Tracie Cason concedió sentencia sumaria a favor de OpenAI. El fallo no dijo que la información fuera cierta, sino que Walters no logró probar el estándar legal de «malicia real» que exige la difamación en Estados Unidos, en parte porque la propia herramienta advertía de sus limitaciones y el periodista sabía que podía cometer errores.
Esto significa algo importante para cualquier profesional: ganar en los tribunales frente a una credencial inventada por una Inteligencia Artificial no está garantizado, ni siquiera cuando el dato es completamente falso y verificable como falso.
¿Le puede pasar esto a cualquiera?
El mecanismo que produjo el error de Walters, resumir un documento inaccesible inventando contenido plausible en lugar de admitir que no podía acceder a él, no es exclusivo de ese caso. Cualquier consulta sobre un abogado, un médico, un académico o un consultor puede producir el mismo tipo de fabricación: un cargo que no existe, una publicación que nunca se escribió, una sanción que nunca ocurrió.
Ya hablamos en ia-actual.com de cómo la Inteligencia Artificial puede recomendar a tu competencia por falta de datos claros sobre ti; el caso Walters muestra el extremo opuesto, cuando sí hay datos, pero son completamente inventados.
¿Qué diferencia hay con el caso de Wolf River Electric?
En ia-actual.com ya contamos el caso de la empresa Wolf River Electric, que demandó a Google por una acusación falsa de prácticas engañosas generada por su Inteligencia Artificial de búsqueda. El caso Walters es distinto en su naturaleza: no es una acusación genérica contra un negocio, es la invención completa de una biografía profesional, un cargo directivo, una relación laboral, sobre una persona concreta y con nombre y apellidos.
Ambos casos comparten algo más importante que sus diferencias: en ninguno de los dos el afectado sabía que existía el problema hasta que alguien más lo vio primero.
¿Cómo te enteras antes de que sea un cliente quien te lo diga?
Walters se enteró porque un periodista, casualmente, hizo la pregunta y compartió lo que vio. La mayoría de los profesionales no tienen esa suerte: nunca sabrán que una Inteligencia Artificial les atribuyó un cargo falso, una sanción inventada o una publicación que no escribieron, hasta que ese dato les cueste una oportunidad concreta.
Comprobarlo de forma sistemática, no ocasional, es la única defensa real disponible hoy. RADAR, el servicio de Javier G. Amblar, existe para eso: verificar qué credenciales, cargos y datos biográficos te atribuye la Inteligencia Artificial, sean ciertos o inventados.
Revisa qué credenciales te atribuye hoy la Inteligencia Artificial
Sobre el autor
Javier G. Amblar suma 27 años de experiencia como consultor estratégico senior y ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países. Es exprofesor asociado del IE Business School, dirige un canal de YouTube con más de 368.000 suscriptores y una comunidad en línea de más de 500.000 personas. Autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018), ha colaborado con RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio. Con RADAR ayuda a comprobar si una Inteligencia Artificial te ha atribuido una credencial que nunca tuviste.


