Varios negocios ya han pagado dinero real por un error de su Inteligencia Artificial. Esto es lo que enseñan antes de ser el siguiente

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Deloitte tuvo que devolver dinero al gobierno de Australia. Varios abogados españoles han sido multados en 2026 por presentar recursos judiciales con sentencias que nunca existieron. En todos los casos, el origen fue el mismo: un error de una Inteligencia Artificial que nadie revisó antes de darlo por bueno. El coste, en cada uno de ellos, fue dinero real, no una advertencia teórica.

El día en que el error dejó de ser gratis

Durante un tiempo, hablar de los errores de la Inteligencia Artificial sonaba a advertencia abstracta, algo que le podía pasar a otro, en otro sector, con otro tipo de uso. Eso cambió en 2025 y 2026, cuando distintos casos documentados y fechados demostraron que un error de estas herramientas, cuando nadie lo revisa antes de usarlo, puede convertirse en una factura concreta: un reembolso, una multa, una pérdida de confianza que cuesta clientes.

Ninguno de estos casos ocurrió porque la tecnología fuera mala. Ocurrieron porque alguien confió en una respuesta sin verificarla, en un contexto donde esa verificación era, precisamente, la parte del trabajo que se le pagaba a un profesional por hacer.

Caso uno: el informe de Deloitte que el gobierno australiano no quiso pagar entero

En julio de 2025, Deloitte Australia entregó al gobierno un informe encargado por 440.000 dólares australianos, unos 290.000 dólares estadounidenses. Semanas después, el académico Christopher Rudge, investigador de la Universidad de Sídney, detectó que el documento incluía una cita inventada de un fallo de un tribunal federal y varias referencias a investigaciones académicas que no existían.

Deloitte reconoció que había usado Inteligencia Artificial como apoyo en la redacción del informe, y que esos errores, conocidos como alucinaciones, pasaron inadvertidos en su propio proceso interno de revisión. En octubre de 2025, la firma acordó reembolsar el último pago de su contrato con el gobierno australiano. Una de las mayores consultoras del mundo, con procesos de calidad consolidados durante décadas, no fue capaz de detectar el error antes de entregarlo.

Casos dos, tres y cuatro: los abogados españoles multados por sentencias que no existían

En 2026, varios tribunales españoles han sancionado a abogados por presentar recursos judiciales apoyados en sentencias inventadas por una Inteligencia Artificial. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias multó con 840 euros a un letrado que citó al menos 25 sentencias falsas en un recurso, de un total de 52 citas de las que solo cuatro resultaron ser reales, según recogió Infobae el 29 de julio de 2026. El mismo tribunal ya había sancionado antes, con 420 euros, otro caso con 48 sentencias inventadas, el segundo detectado ese año solo en Canarias.

En Galicia, el Tribunal Superior de Justicia impuso una multa de 1.800 euros a un abogado que presentó un recurso con 24 citas falsas generadas por Inteligencia Artificial, según informó Moncloa el 15 de julio de 2026. En ningún caso el abogado verificó, antes de presentar el escrito, si esas sentencias existían de verdad en las bases de datos jurisprudenciales a las que cualquier letrado tiene acceso.

El patrón que se repite en todos los casos

Da igual si se trata de una consultora multinacional o de un despacho individual: el patrón detrás de cada uno de estos casos es idéntico. Alguien usó una Inteligencia Artificial para acelerar una parte del trabajo, la herramienta entregó una respuesta que sonaba convincente y bien construida, y nadie dedicó el tiempo necesario a comprobar si esa respuesta era cierta antes de firmarla, enviarla o presentarla ante un tercero.

El error, en todos los casos, no estuvo únicamente en la herramienta. Estuvo en el paso que se saltó la persona que la usó: el de contrastar lo entregado con una fuente real antes de darlo por bueno. Ese paso, que llevaba décadas siendo parte del oficio de cualquier profesional serio, es exactamente el que se empieza a saltar cuando una respuesta parece demasiado sólida como para dudar de ella.

Un problema que va a crecer, no a desaparecer

Estos casos no son un episodio aislado que se vaya a resolver solo con el tiempo. A medida que más profesionales y más negocios incorporan la Inteligencia Artificial a tareas que antes exigían horas de trabajo manual, la tentación de saltarse la revisión final crece exactamente en la misma proporción, porque cuanto más fiable parece la herramienta, más fácil resulta confiar en ella sin comprobarlo.

El criterio que están aplicando los tribunales españoles en los casos de citas falsas apunta en la misma dirección: la responsabilidad final recae siempre en quien firma y presenta el trabajo, no en la herramienta que lo ayudó a redactarlo. Cuantas más tareas se apoyen en Inteligencia Artificial, más veces se va a poner a prueba ese criterio, y cada vez con más consecuencias económicas directas para quien no revisó a tiempo.

Por qué nadie estaba revisando hasta que ya era tarde

Hay una razón por la que este error se repite tanto: una Inteligencia Artificial no redacta como si dudara. Construye frases seguras, con estructura de cita académica o de sentencia judicial, exactamente igual de convincentes cuando el contenido es real que cuando está completamente inventado. Esa seguridad en la forma es la que desactiva la alerta natural que cualquier profesional tendría ante una fuente dudosa.

En el caso de Deloitte, el propio informe pasó por un proceso interno de revisión de calidad, y aun así el error llegó hasta el cliente final. En los casos de los abogados españoles, el error llegó hasta un tribunal, que sí tenía los medios y el tiempo para comprobar que esas sentencias no existían en ninguna base de datos oficial.

La revisión no es desconfiar de la herramienta, es hacer tu trabajo

Ninguno de estos casos demuestra que la Inteligencia Artificial sea inútil o poco fiable en general. Demuestra que su resultado necesita el mismo tratamiento que cualquier borrador de un colaborador júnior: revisión antes de firmar, contraste con fuentes reales, y la responsabilidad final siempre en manos de la persona que presenta el trabajo, no en la herramienta que lo ayudó a producir.

Esa costumbre de revisar no ralentiza el trabajo tanto como parece. Comprobar si una sentencia existe de verdad, o si una cita académica es real, lleva minutos. Lo que costó caro, en cada uno de estos casos, no fue el tiempo de revisión que se ahorraron, sino la falta de ese tiempo cuando más falta hacía.

Lo que cuesta más: revisar antes o pagar después

El abogado sancionado con 1.800 euros en Galicia habría necesitado, probablemente, menos de una hora para verificar las 24 citas de su recurso antes de presentarlo. Deloitte habría necesitado un proceso de revisión algo más riguroso para detectar una cita judicial y varias referencias académicas inexistentes en un informe de 440.000 dólares australianos. En ambos casos, el coste de revisar antes era mucho menor que el coste de pagar después, y no solo en dinero: también en la reputación que queda dañada cuando el error se hace público.

Esa comparación es la que conviene tener presente antes de incorporar cualquier herramienta de Inteligencia Artificial a un proceso que termine delante de un cliente, un tribunal o cualquier tercero que vaya a tomar decisiones basándose en lo que le entregas.

Qué significa esto para tu negocio, aunque sea pequeño

Es fácil pensar que este tipo de errores solo afecta a consultoras grandes o a despachos con mucha carga de trabajo. La realidad es que un profesional independiente o un negocio pequeño corre exactamente el mismo riesgo, con un agravante: no tiene el mismo margen para absorber el daño reputacional cuando un cliente descubre que algo que le entregaste, o que dijiste, no era cierto.

Cuidar qué información circula sobre ti y sobre tu trabajo, y asegurarte de que lo que una Inteligencia Artificial dice o genera en tu nombre sea verificable, no es un lujo reservado a grandes empresas con departamentos legales. Es parte de proteger algo que a cualquier profesional le cuesta años construir y muy poco tiempo perder.

RADAR, la herramienta de Javier G. Amblar en consultoria.uno, analiza precisamente esto: qué está diciendo hoy la Inteligencia Artificial sobre ti, si esa información es correcta, y qué corregir antes de que un error ajeno, o uno propio sin revisar, te cueste algo más que una mala tarde. Puedes revisar tu situación actual en RADAR.


Sobre el autor

Javier G. Amblar es consultor estratégico senior con 27 años de experiencia, exprofesor asociado del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente. Ha colaborado como analista en RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio, y es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018).

Ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países, dirige un canal de YouTube con más de 368.000 suscriptores y lidera una comunidad en línea de más de 500.000 personas centrada en cómo profesionales y negocios pequeños conviven con la Inteligencia Artificial sin perder el control de su propio criterio.

Su herramienta RADAR analiza qué dicen de ti las Inteligencias Artificiales, y su proyecto Evolution ayuda a convertir esa presencia en ingresos, sin descuidar lo que hay detrás de ella.

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Este artículo se ha elaborado con asistencia de inteligencia artificial para la búsqueda, organización y síntesis de información. El texto final, sus fuentes y sus conclusiones han sido revisados y validados por Anabel Blanco, Editora de IA Actual y Javier G. Amblar, Editor de IA Actual.

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- Editores: Anabel Blanco y Javier Amblar

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