El consejo de estar en todas las plataformas se repite tanto que ya casi nadie lo discute. Para una marca con equipo tiene sentido. Para un profesional que trabaja solo, que es quien más lo escucha, es probablemente el peor consejo que puede seguir. Repartir tu tiempo entre seis sitios no produce seis presencias: produce seis versiones incompletas de ti, y ninguna alcanza para que un desconocido se haga una idea.
De dónde viene el consejo
De un contexto que no es el tuyo. Lo formularon equipos de marketing con presupuesto, con personas dedicadas a cada canal y con material de sobra para adaptar. En ese escenario, estar en todas partes es lógico: el coste marginal de un canal más es bajo.
Cuando el equipo eres tú y el tiempo sale de tus horas facturables, el coste marginal no es bajo. Es todo lo que dejas de hacer.
Qué pasa cuando repartes
Pasa lo que se ve en cientos de perfiles profesionales: uno con seis publicaciones de hace dos años, otro con la biografía a medio rellenar, otro que se abrió y se abandonó, y uno solo con algo de actividad.
Y eso es peor que no estar, por un motivo concreto. Un perfil abandonado no es neutro: es una fuente activa contando una versión antigua y pobre de ti. Contribuye a la confusión, no a la presencia. Es, en pequeño, el mismo problema de tener tus propios datos diciendo cosas distintas en sitios distintos.
Lo que de verdad decide
No es en cuántos sitios estás. Es si en alguno de ellos hay suficiente material tuyo, coherente y con fecha, como para que alguien entienda cómo piensas.
Un solo lugar donde haya veinte explicaciones tuyas de verdad sobre tu materia vale más que seis lugares con tres frases cada uno. Vale más para el lector, que necesita ver criterio repetido para confiar. Y vale más para las máquinas, que necesitan volumen coherente en un sitio legible para poder decir algo de ti.
Cómo se elige el sitio
Con dos preguntas, no con una.
La primera: dónde está tu cliente cuando tiene el problema que tú resuelves. No dónde pasa el rato, dónde busca. No son el mismo lugar y confundirlos es el error más caro.
La segunda, y esta se salta casi todo el mundo: qué formato puedes sostener durante dos años sin odiarlo. Si escribir te cuesta horrores, no elijas un sitio que exija escribir mucho, por muy bueno que sea sobre el papel. La constancia gana a la elección perfecta. Siempre.
Un canal mediocre sostenido tres años bate a un canal excelente abandonado a los cuatro meses. Lo he visto tantas veces que ya lo doy por regla.
Lo que sí conviene tener en todas partes
Aquí matizo, porque no estoy diciendo que borres todo.
Conviene tener presencia mínima y correcta en los sitios donde alguien de tu sector aparecería de forma natural: tu colegio profesional, un par de directorios serios, la ficha de tu ubicación. Presencia mínima significa datos exactos, actualizados e idénticos a los de todos los demás sitios. Y nada más.
Eso no es un canal, es una tarjeta de visita. Cuesta una tarde al año y su función es que nada te contradiga.
El trabajo de verdad va todo a un sitio. Uno. Y ahí, entero.
Por qué esto se hace difícil
Porque elegir un sitio significa renunciar a los otros, y renunciar da miedo cuando no sabes si acertaste. La tentación de estar en todas partes es en realidad la tentación de no decidir.
Pero no decidir también es una decisión, y en este caso es la que garantiza que no funcione ninguno. Es la misma inercia de la que hablaba a propósito de esperar en lugar de moverse: parece prudencia y es parálisis con buena prensa.
Sobre el autor
Javier G. Amblar lleva 27 años como consultor estratégico y ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países. Fue profesor asociado del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente, y ha colaborado durante más de dos décadas como analista en RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio. Es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018). Reúne una comunidad en línea de más de 500.000 personas. Escribe sobre posicionamiento profesional y autoridad, y dirige RADAR.


