Jóvenes y veteranos comparten el mismo miedo a la Inteligencia Artificial

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El 55% de los adultos estadounidenses menores de 30 años están hoy más preocupados que ilusionados por la Inteligencia Artificial, según una encuesta de Pew Research Center publicada el 18 de agosto de 2026. Es la primera vez que una mayoría de ese grupo de edad se posiciona así, y ese dato desmonta la idea de que el miedo a quedarse sin trabajo por culpa de la Inteligencia Artificial es cosa de quien lleva décadas ejerciendo un oficio: hoy lo sienten igual quien empieza y quien lleva treinta años ejerciendo su oficio.

¿Qué dice exactamente la encuesta de Pew Research Center?

El estudio, realizado entre el 22 y el 28 de junio de 2026 a 3.488 adultos estadounidenses, encontró que el 55% de los menores de 30 años están hoy más preocupados que ilusionados respecto a la Inteligencia Artificial. Cerca de tres cuartas partes de ese mismo grupo cree que la Inteligencia Artificial significará menos empleos en el futuro, frente al 61% que lo pensaba hace dos años, según la misma fuente, «Young adults in the U.S. are increasingly wary of AI, concerned it will take jobs».

En el conjunto de la población adulta estadounidense, la cifra de quienes creen que habrá menos empleos por la Inteligencia Artificial sube al 71%, frente al 64% registrado en 2024. El miedo no solo ha crecido, ha crecido más rápido entre los jóvenes que entre el resto de la población.

Estos números vienen de una de las instituciones de encuestas más rigurosas de Estados Unidos, con una muestra representativa de casi 3.500 personas, lo que da a estos datos un peso muy distinto al de una impresión general recogida en conversaciones sueltas.

¿Por qué sorprende que sean justo los jóvenes quienes más han cambiado de opinión?

Porque la narrativa habitual coloca a las generaciones más jóvenes como las más cómodas con la tecnología y las menos preocupadas por sus efectos. Los datos de 2026 contradicen esa idea: son precisamente quienes están entrando ahora al mercado laboral quienes más han endurecido su percepción sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en el empleo, más incluso que quienes llevan años trabajando.

Esto tiene sentido si se piensa desde la posición de un joven que busca su primer empleo relevante en un mercado donde muchas de las tareas de entrada que antes servían para aprender el oficio ahora las hace una herramienta de Inteligencia Artificial en segundos.

Ese tipo de tarea, la que antes servía de escuela práctica para quien empezaba, es precisamente la que más rápido ha ido absorbiendo la automatización en los últimos dos años, y eso explica buena parte del salto en la preocupación de los más jóvenes.

¿Qué siente alguien con treinta años de experiencia frente a este cambio que trae la Inteligencia Artificial?

Siente una versión distinta del mismo miedo, pero igual de real. No teme no poder entrar al mercado, teme que el conocimiento acumulado durante tres décadas deje de ser la ventaja competitiva que siempre fue, porque una herramienta puede replicar en segundos una parte del trabajo que antes solo alguien con esa experiencia sabía hacer.

El miedo del veterano no es «no sé hacer esto», es «lo que sé hacer ya no vale lo que valía», una sensación distinta a la del joven pero con la misma raíz: la incertidumbre sobre el valor futuro del propio trabajo.

Treinta años de oficio suelen construirse sobre la confianza de que la experiencia siempre pesa más que la novedad. Cuando esa confianza se tambalea por primera vez, la sensación no es de ignorancia, es de desorientación ante un terreno que antes se conocía perfectamente.

¿Es el mismo miedo aunque venga de experiencias tan distintas?

Sí, en lo esencial. Ambos grupos temen perder el control sobre su futuro profesional a manos de una tecnología que no gobiernan ni entienden del todo. La diferencia está en el punto de partida: uno teme no poder empezar, el otro teme que lo construido durante años pierda valor de golpe. Pero el núcleo, la incertidumbre sobre si el propio trabajo seguirá siendo necesario, es idéntico.

Reconocer que se trata del mismo miedo, y no de dos problemas distintos, es importante porque las respuestas que sirven para uno suelen servir, con matices, para el otro.

¿Qué diferencia real hay entre estar preocupado y estar paralizado?

La preocupación es una señal útil, la que te hace prestar atención a un cambio real en tu entorno profesional. La parálisis es lo que ocurre cuando esa señal no se convierte en ninguna acción concreta, y el tiempo pasa mientras la sensación de amenaza crece sin que nada cambie en la práctica.

La mayoría de las personas que la encuesta describe como preocupadas no están paralizadas, están esperando saber qué hacer con esa preocupación. Ese es exactamente el punto donde se puede intervenir, antes de que la preocupación se convierta en resignación.

¿Qué pueden aprender los veteranos de cómo reaccionan los jóvenes, y al revés?

Los jóvenes suelen adaptarse más rápido a usar la Inteligencia Artificial como herramienta cotidiana, sin la resistencia inicial que a veces sienten quienes llevan más años haciendo las cosas de una forma concreta. Los veteranos, por su parte, tienen algo que ninguna herramienta puede replicar todavía: el criterio para saber cuándo una respuesta de un modelo de Inteligencia Artificial es correcta y cuándo suena bien pero está equivocada.

Ninguna de las dos ventajas sustituye a la otra. La combinación de ambas, familiaridad con la herramienta y criterio para juzgar lo que produce, es lo que de verdad protege el valor del trabajo de cualquiera de los dos grupos.

¿Por qué trabajar solo agrava esta sensación de amenaza ante la Inteligencia Artificial?

Porque cuando trabajas por cuenta propia no tienes a nadie al lado con quien comparar esta preocupación ni contrastar si está justificada o exagerada en tu caso concreto. Un empleado dentro de una organización al menos escucha la misma conversación en boca de compañeros; un profesional independiente la vive completamente hacia dentro, sin verificación externa.

Esa soledad no crea el miedo, pero sí lo amplifica, porque no hay nadie que te ayude a distinguir entre una amenaza real para tu actividad concreta y un titular alarmante que en realidad no te afecta tanto como parece.

¿Qué parte de este miedo está justificada y cuál no?

Está justificada la parte que reconoce que ciertas tareas, sobre todo las repetitivas y de bajo criterio, van a seguir automatizándose cada vez más rápido, y que quien construya su actividad exclusivamente sobre esas tareas tiene motivos reales para preocuparse. No está tan justificada la idea de que la experiencia acumulada durante años pierde todo su valor de la noche a la mañana, porque el criterio para aplicar bien esa experiencia sigue siendo escaso y valioso.

La clave está en identificar qué parte de tu trabajo pertenece a cada categoría, algo que ya planteamos al hablar de si usar la Inteligencia Artificial para escribir es trampa o es simplemente ser más inteligente con las herramientas disponibles: la respuesta no es la misma para toda tarea ni para todo profesional.

¿Qué se puede hacer, en concreto, con este miedo esta misma semana?

Se puede empezar por separar, en tu actividad concreta, qué parte depende de tareas que una herramienta de Inteligencia Artificial ya hace igual o mejor que tú, y qué parte depende de tu criterio, tu relación con tus clientes o tu experiencia acumulada, algo que ningún modelo actual reproduce con la misma fiabilidad. Esa separación, hecha con honestidad, suele reducir bastante la sensación difusa de amenaza total.

El siguiente paso es hablar con otros profesionales, jóvenes o veteranos, que estén pasando por lo mismo, porque el aislamiento es precisamente lo que convierte una preocupación razonable en un miedo que paraliza. Esta idea la desarrollamos también al hablar de cómo cambia tu situación cuando dejas de enfrentar solo los cambios que trae la Inteligencia Artificial.

¿Qué pasa si este miedo se ignora durante los próximos dos años?

Es probable que la brecha entre quien se adapta con criterio y quien sigue haciendo exactamente lo mismo de siempre se haga más grande, no más pequeña. Los datos de Pew Research Center muestran una tendencia que lleva dos años acelerándose, del 64% al 71% entre la población general y del 61% al cerca del 75% entre los menores de 30, y no hay ninguna señal de que esa tendencia vaya a revertirse por sí sola.

Ignorar el miedo no lo reduce, solo retrasa el momento de tomar decisiones sobre cómo adaptarse, y ese retraso tiene un coste que crece cuanto más tiempo pasa.

La buena noticia, si hay alguna en este dato, es que el punto de partida no depende de la edad. Un joven de veinticinco años y un profesional de cincuenta y cinco enfrentan hoy la misma pregunta de fondo, y ninguno de los dos parte con una ventaja tan grande sobre el otro como podría parecer a primera vista.

Si quieres una forma ordenada de identificar qué parte de tu trabajo depende de tu criterio insustituible y cuál conviene rediseñar antes de que lo decida otro por ti, puedes revisar el proceso que ayuda a hacer esta transición con criterio propio.


Sobre el autor

Javier G. Amblar lleva 27 años trabajando con profesionales de todas las edades y ha formado a más de 33.000 en 55 países. Ha sido entrevistado en RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio, y es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018). Dirige «Evolution», el programa que ayuda a traducir décadas de experiencia en un modelo de trabajo adaptado a la Inteligencia Artificial, con una comunidad en línea de más de 500.000 personas. Puedes conocerlo aquí.

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