Cuando una gran cadena aparece mal retratada en la Inteligencia Artificial, tiene un departamento de comunicación que llama, escribe y corrige. Cuando le pasa a un profesional que trabaja solo, no hay nadie que haga esa llamada, y el error se queda ahí, repitiéndose cada vez que alguien pregunta, hasta que por casualidad alguien te avisa.
El caso de la pizzería que tuvo que pedir en Facebook que dejaran de creerle a Google
Stefanina’s, una pizzería familiar de Wentzville, Misuri, con 25 años de historia, empezó a recibir clientes furiosos por una oferta que nunca existió: dos pizzas al precio de una por cuatro dólares. La familia Gannon, dueña del negocio, no tenía ni idea de dónde salía esa promoción hasta que entendieron que la estaba inventando la Inteligencia Artificial de las búsquedas de Google.
«No vamos a respetar las ofertas de la Inteligencia Artificial de Google», escribió el negocio en su página de Facebook, en una publicación recogida por la cadena First Alert 4 en agosto de 2025 y de nuevo por Investigate TV el 30 de enero de 2026. Eva Gannon, empleada del negocio familiar, resumió el problema con una frase que cualquier profesional independiente puede entender: «Como pequeño negocio familiar, no podemos hacernos cargo de una oferta inventada por la Inteligencia Artificial de Google».
¿Por qué este caso importa más allá de una pizzería?
Porque Stefanina’s tuvo al menos un canal para defenderse: una página de Facebook con seguidores que vieron el aviso y lo compartieron. Un profesional que trabaja solo, sin community manager y sin más presencia que una web y una ficha de negocio, ni siquiera tiene ese altavoz improvisado cuando la Inteligencia Artificial empieza a repetir algo falso sobre él.
Google no respondió a las preguntas de los medios sobre el caso de Stefanina’s, según recoge la propia cobertura de Investigate TV del 30 de enero de 2026. Si una empresa del tamaño de Google no da explicaciones ni siquiera cuando un medio se lo pregunta directamente, es razonable asumir que tampoco va a llamarte a ti para avisarte de que algo que dice sobre tu consulta o tu despacho no es cierto.
Jonathan Hanahan, profesor de la Washington University especializado en Inteligencia Artificial, explicó en esa misma cobertura que «hay una diferencia grande entre usar la Inteligencia Artificial y trabajar con ella», y advirtió de que estos sistemas «a veces se toman libertades» con tal de darle al usuario una respuesta, aunque esa respuesta sea falsa. Esa libertad que se toma la máquina no le cuesta nada a la máquina. Le cuesta reputación y clientes al negocio del que está hablando.
No es un caso aislado: la Inteligencia Artificial confunde el 5 por ciento de las empresas con un negocio completamente distinto
El 13 de agosto de 2026, la consultora británica LLM Listed publicó su informe The State of AI Business Accuracy Report 2026, que puso a prueba a ChatGPT, Gemini, Claude y Perplexity sobre 250 empresas de 20 sectores distintos. El resultado: en el 5 por ciento de los casos, alguna de las cuatro plataformas confundió a la empresa consultada con un negocio totalmente diferente.
El mismo informe encontró que solo el 46 por ciento de las empresas recibió una descripción consistente en las cuatro plataformas a la vez, y que los negocios locales tienen cuatro veces más probabilidades de ser descritos de forma equivocada que las marcas de alcance nacional, según declaró Ben Harper, fundador de LLM Listed, el mismo día de la publicación del informe.
Las cifras que ya no dejan hueco a la duda sobre el tamaño del problema
En mayo de 2026, la agencia 5W Public Relations publicó su Hallucination Index, un estudio que sometió a cinco marcas a 25 preguntas centrales de negocio cada una. El resultado: el 20 por ciento de las respuestas contenía errores materiales, desde directivos equivocados hasta descripciones que ya no correspondían con la realidad de la marca.
El mismo estudio de 5W Public Relations encontró que la descripción que da la Inteligencia Artificial suele estar entre 12 y 18 meses por detrás de la realidad de un negocio. Y en marzo de 2025, el Tow Center for Digital Journalism de la Universidad de Columbia había publicado ya un hallazgo todavía más duro: sobre 1.600 consultas repartidas en ocho motores de búsqueda con Inteligencia Artificial, más del 60 por ciento de las citas que ofrecían esos sistemas eran erróneas o directamente inventadas.
¿Qué tienen en común todos estos casos?
Ninguno de ellos exige mala fe por parte de nadie, y conviene decirlo con claridad para no caer en la teoría de la conspiración. La Inteligencia Artificial no miente a propósito sobre tu consulta ni sobre tu despacho: rellena huecos de información con lo más parecido que encuentra, y presenta ese resultado con la misma seguridad con la que presentaría un dato comprobado.
El problema no es que la máquina se equivoque de vez en cuando. El problema es que se equivoca con una confianza total, sin avisar de que está adivinando, y sin que exista un mecanismo simple para que tú lo notes a tiempo. Nadie te manda una notificación cuando ChatGPT le cuenta a un cliente potencial una versión incorrecta de lo que haces.
La asimetría real: quién tiene con quién hablar y quién no
Una cadena de restaurantes, un banco o una aseguradora tienen equipos legales, de comunicación y de relaciones públicas cuya función incluye vigilar y corregir lo que se dice de ellos, también dentro de la Inteligencia Artificial. Un abogado, una psicóloga o un fisioterapeuta que trabajan solos no tienen ese departamento. Tienen, como mucho, el rato libre entre una cita y la siguiente.
Esa diferencia no es un detalle menor. Es la razón por la que un error sobre una marca grande dura días, mientras que un error sobre un profesional pequeño puede durar meses sin que nadie lo detecte, salvo que un cliente confundido lo mencione por casualidad en una llamada o en una reseña.
Lo que sí se puede verificar, y lo que todavía no hemos podido confirmar
Para este artículo se buscó, sin éxito tras varios intentos con distintas combinaciones de términos, un caso concreto de un colegio profesional, una cámara de comercio o una asociación sectorial que hubiera pedido formalmente a Google o a alguna Inteligencia Artificial que corrigiera un dato erróneo repetido sobre sus miembros. No apareció ningún caso público y verificable con esas características exactas.
Lo que sí está documentado, con nombre, fecha y cita directa, es que negocios individuales llevan ya más de un año pidiendo lo mismo por su cuenta, sin el respaldo de ninguna organización detrás: que la Inteligencia Artificial deje de inventar y de repetir información falsa sobre ellos. Preferimos contarte esto con precisión antes que inventar un caso institucional que sonara mejor, y por eso el artículo se apoya en lo que sí pudimos comprobar.
El coste silencioso: el cliente que nunca llega a pedir una segunda explicación
Lo más caro de este problema no es el cliente que llama enfadado, como les pasó a los Gannon con sus pizzas. Es el cliente que nunca llama, porque la Inteligencia Artificial ya le dio una respuesta que sonaba completa y decidió no seguir preguntando. Ese cliente no reclama nada porque no sabe que le dieron un dato equivocado, simplemente elige otra opción.
Ese tipo de pérdida no aparece en ninguna estadística de la web del profesional, porque la persona nunca llegó a visitarla. Es la parte más difícil de medir de todo este problema, y también la más importante, porque a diferencia de una reclamación, no deja ningún rastro que permita reaccionar a tiempo.
¿Qué puedes hacer si nadie va a corregirlo por ti?
La primera pregunta que conviene hacerse no es cómo corregir el error, sino si sabes que existe. La mayoría de los profesionales que aparecen en los estudios citados no sabían que la Inteligencia Artificial decía algo incorrecto sobre ellos hasta que un cliente lo mencionó, casi por accidente, en una conversación normal.
Comprobarlo de forma regular, con las mismas preguntas que haría un cliente potencial, y en más de una plataforma a la vez, es el único sustituto real que tiene un profesional independiente frente al departamento de comunicación que no tiene. No evita que el error aparezca, pero sí evita que sea un cliente confundido quien te lo cuente primero.
El patrón se repite en otros casos que ya hemos documentado, como El fin del engaño viral: YouTube actúa contra los tráilers deepfake o, más recientemente, en Hay otra persona con tu nombre y la Inteligencia Artificial cuenta su vida, no la tuya.
Si quieres saber qué está diciendo hoy la Inteligencia Artificial sobre ti, sin esperar a que un cliente confundido te lo cuente, RADAR revisa por ti lo que ChatGPT, Gemini y Perplexity dicen de tu nombre.
Sobre el autor
Javier G. Amblar lleva 27 años trabajando en formación y comunicación, con más de 33.000 profesionales formados en 55 países. Fue profesor asociado del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente, es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018) y suma más de 368.000 suscriptores en su canal de YouTube, dentro de una comunidad en línea de más de 500.000 personas. Dirige RADAR, la herramienta que audita lo que la Inteligencia Artificial dice de ti. Más información en RADAR.


