Un estudio de 2026 dice que 6 de cada 10 profesionales españoles ya cuentan con perder terreno frente a la Inteligencia Artificial

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Seis de cada diez profesionales en España ya dan por hecho que la Inteligencia Artificial va a provocar algún tipo de pérdida de trabajo, propio o ajeno, en los próximos años. Lo dice el IV Informe sobre Inteligencia Artificial de InfoJobs, publicado el 24 de febrero de 2026: el 39% de los encuestados cree que habrá despidos puntuales sin llegar a sustituir el trabajo especializado, y otro 23% considera que habrá un alto índice de despidos y sustitución de gran parte del trabajo humano. Sumados, son 62 puntos de cada 100 que ya no descartan verse afectados.

¿Qué dice exactamente el estudio de InfoJobs sobre este miedo?

El informe, elaborado a partir de una encuesta a profesionales activos en España y presentado el 24 de febrero de 2026, mide dos cosas distintas: el uso real de la Inteligencia Artificial en el trabajo y la percepción sobre su impacto futuro en el empleo. El uso ya alcanza al 63% de los profesionales, once puntos más que en 2025, según los mismos datos.

La parte que más debería importar a un veterinario con clínica propia, a una diseñadora de interiores independiente o a cualquier profesional con negocio propio no es el uso, es la percepción: solo el 23% cree que la fuerza laboral no es fácilmente sustituible, mientras el resto reparte su opinión entre distintos grados de sustitución posible.

¿Por qué este dato pesa más entre quienes ya llevan años de oficio?

La antigüedad en un oficio no protege de esta sensación, la agrava. Quien lleva quince o veinte años construyendo una reputación concreta ha invertido demasiado tiempo en un tipo de valor (la experiencia acumulada) que de pronto parece competir con una herramienta capaz de producir un resultado parecido en minutos, aunque no sea igual de bueno.

El miedo no nace de que la Inteligencia Artificial haga el trabajo mejor. Nace de la duda de si el mercado va a distinguir la diferencia, o si va a conformarse con una versión más rápida y más barata, aunque sea peor, simplemente porque está disponible al instante.

¿Es un miedo racional o exagerado?

Ni una cosa ni la otra de forma absoluta. El propio estudio de InfoJobs matiza que el 39% que anticipa despidos puntuales no cree que eso sustituya al trabajo especializado, lo que sugiere una percepción más moderada de la que suele aparecer en titulares alarmistas.

Pero el 23% que sí prevé una sustitución de gran parte del trabajo humano tampoco es una minoría desdeñable, y ese porcentaje ha crecido respecto a mediciones anteriores del mismo informe, lo que indica una tendencia, no un dato aislado.

El mismo informe señala que entre quienes ya usan Inteligencia Artificial en su trabajo, el 46% considera más probable el escenario de despidos puntuales, frente al 26% entre quienes todavía no la usan. Cuanto más de cerca se mira la herramienta, más matizada se vuelve la percepción sobre su impacto real.

¿Qué parte de este miedo tiene que ver con la identidad, no solo con el dinero?

Preguntarse si un oficio puede automatizarse no es solo una cuestión económica. Toca algo más profundo: si lo que una persona sabe hacer, después de años de práctica, sigue siendo algo que solo ella puede ofrecer, o si se ha convertido en un servicio que cualquier herramienta puede imitar lo suficiente.

Esa pregunta, cuando no se responde con datos concretos, se convierte en una sensación difusa de urgencia que empuja a algunos profesionales a paralizarse, y a otros a lanzarse a probar cualquier herramienta sin un criterio claro de por qué la usan.

¿Qué hacen distinto los profesionales que no sienten esta amenaza como algo personal?

Los que llevan mejor esta transición no son, necesariamente, los que más herramientas de Inteligencia Artificial usan. Son los que han identificado con precisión qué parte de su trabajo depende de un criterio que la máquina no tiene, y han dejado de competir en el terreno donde sí pueden perder.

Un asesor fiscal que automatiza los cálculos rutinarios pero mantiene como núcleo de su negocio la interpretación de casos complejos y la relación directa con el cliente no está compitiendo con ChatGPT, lo está usando como herramienta de apoyo, sin que eso ponga en duda su lugar.

La confianza en el propio criterio no se construye solo mirando estudios generales. También ayuda entender quién pregunta antes de decidir y si tú apareces en esa respuesta, porque el miedo a quedar sustituido y el miedo a quedar invisible ante una Inteligencia Artificial son dos caras del mismo problema de fondo.

¿Qué papel juega saber si la Inteligencia Artificial habla bien o mal de un profesional?

Aquí aparece un segundo frente, distinto pero relacionado: si un cliente potencial le pregunta a ChatGPT, Gemini o Perplexity si merece la pena contratar a un profesional humano para una tarea concreta, la respuesta que reciba puede inclinar la decisión antes incluso de que ese profesional sepa que estaba compitiendo por ese cliente.

Esto es exactamente lo que plantea la pregunta de si la Inteligencia Artificial ya sabe algo sobre el futuro de tu trabajo antes que tú mismo: la percepción pública sobre qué tareas siguen necesitando a una persona real se está formando ahora mismo, con o sin tu participación.

¿Cómo se traduce este miedo en decisiones concretas del día a día?

Un traductor jurado con veinticinco años de experiencia relataba que dejó de aceptar encargos de traducción general hace un año, no porque le faltara trabajo, sino porque calculó que ese segmento sería el primero en normalizarse con herramientas automáticas y prefirió concentrarse en la certificación oficial, donde su firma sigue siendo insustituible por ley.

Esa decisión no nació del pánico, nació de mirar el dato de frente y decidir en qué terreno seguía teniendo una ventaja real, en lugar de esperar a que el mercado se lo confirmara por las malas.

¿Qué diferencia a quien convierte el miedo en estrategia de quien se queda paralizado?

La diferencia no está en la cantidad de información que maneja cada uno sobre Inteligencia Artificial, sino en el momento en que deciden actuar sobre ella. Quien espera a tener certeza absoluta sobre qué va a pasar con su oficio suele esperar demasiado, porque esa certeza no llega antes de que el mercado ya haya cambiado.

Quien actúa con los datos disponibles, aunque sean parciales como los de cualquier estudio, gana meses o años de ventaja frente a quien sigue esperando la señal definitiva que confirme si debe moverse o no.

¿Qué tiene que ver todo esto con Evolution?

Javier G. Amblar sostiene que el miedo a quedar fuera de juego es, de los seis frentes que trabaja con quienes pasan por Evolution, el que más rápido moviliza a un profesional a pedir ayuda, y también el que menos se resuelve con más formación técnica. No se trata de aprender a usar mejor una herramienta, se trata de decidir qué parte del oficio propio queda fuera del alcance de cualquier máquina y construir el negocio alrededor de eso.

Evolution, el proyecto que dirige desde consultoria.uno, parte de esa misma pregunta que hace el estudio de InfoJobs, pero la lleva al terreno concreto de cada negocio: no si la Inteligencia Artificial va a sustituir profesiones en general, sino qué parte exacta de tu trabajo sigue dependiendo de ti y cómo se convierte eso en ingresos sostenibles.

¿Qué pasa si este miedo se ignora en lugar de trabajarlo?

Ignorarlo no lo hace desaparecer, lo deja actuando en segundo plano, condicionando decisiones que parecen no tener relación con él: aceptar precios más bajos por miedo a perder al cliente frente a una alternativa automatizada, o evitar subir tarifas por temor a parecer prescindible si se cobra como alguien insustituible.

El coste de no enfrentar este miedo no es solo emocional. Se traduce en decisiones comerciales más tímidas de las que la realidad del propio oficio justificaría, tomadas desde la inseguridad y no desde los datos.

Con el tiempo, esa timidez comercial se convierte en un patrón difícil de revertir: cuanto más se cobra por debajo del propio valor por miedo a la comparación con una herramienta automática, más se refuerza la idea, dentro y fuera, de que ese trabajo vale menos de lo que realmente vale.

¿Qué se puede hacer con un dato como el 62% que da miedo a primera vista?

Lo primero es no tratarlo como una sentencia. El propio informe de InfoJobs distingue matices importantes: la mayoría no anticipa una sustitución total del trabajo especializado, sino ajustes puntuales en tareas concretas, que es un escenario muy distinto al que suele venderse en titulares.

Lo segundo es usar ese dato como punto de partida para una pregunta muy concreta sobre el propio negocio: qué parte exacta del trabajo diario podría hacer hoy una herramienta de Inteligencia Artificial sin supervisión, y qué parte sigue exigiendo un criterio que solo da la experiencia real acumulada durante años.

Evolution ayuda a convertir ese dato en un plan concreto, identificando qué parte de un negocio ya está protegida por la experiencia real de quien lo dirige y qué parte necesita reforzarse antes de que el mercado lo decida por su cuenta.


Sobre el autor

Javier G. Amblar lleva 27 años trabajando con profesionales de trayectoria real, ha formado a más de 33.000 personas en 55 países y es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018). Dirige Evolution, el proyecto de consultoria.uno centrado en traducir experiencia en ingresos sostenibles, y su comunidad en línea ya reúne a más de 500.000 personas. Conoce Evolution.

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Este artículo se ha elaborado con asistencia de inteligencia artificial para la búsqueda, organización y síntesis de información. El texto final, sus fuentes y sus conclusiones han sido revisados y validados por Anabel Blanco, Editora de IA Actual y Javier G. Amblar, Editor de IA Actual.

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- Editores: Anabel Blanco y Javier Amblar

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