La peor decisión del año la evitó en una llamada de veinte minutos

Lo más leído

La peor decisión de su año la evitó en una llamada de veinte minutos con otro profesional que no tenía absolutamente nada que ganar con la respuesta que le diera. Cuando trabajas solo, sin colegas al lado ni jefe que revise lo que decides, y cada vez usas más herramientas de Inteligencia Artificial que te contestan lo que quieres oír, esa llamada honesta vale más que cualquier informe.

¿Por qué las decisiones más caras se toman en soledad?

Porque nadie más está en la sala cuando las tomas. Un empleado dentro de una organización tiene, quiera o no, a alguien que revisa, cuestiona o al menos comenta sus decisiones importantes antes de que se ejecuten. Un profesional independiente decide, firma y ejecuta la misma tarde, sin ese filtro intermedio.

La soledad no es el problema en sí. El problema es que la soledad, combinada con la presión de decidir rápido, hace que los sesgos propios pasen sin control durante mucho más tiempo del que deberían.

Un sesgo que nadie cuestiona no desaparece, se refuerza. Cada vez que tomas una decisión importante sin contraste externo y sale bien, aunque sea por suerte, ese acierto alimenta la confianza de que tu criterio en solitario es suficiente, hasta que llega la decisión que no sale bien.

¿Qué tipo de decisión estuvo a punto de tomar antes de esa llamada?

Una decisión de las que parecen razonables vistas desde dentro: invertir una cantidad significativa de ahorros en una expansión de su actividad, comprometerse con un cliente en condiciones que a medio plazo no le convenían, o firmar un acuerdo que sonaba bien en el momento pero que llevaba una letra pequeña que no había terminado de entender. El detalle exacto importa menos que el patrón: una decisión con consecuencias grandes, tomada bajo entusiasmo o bajo presión, sin nadie que la cuestionara antes de firmar.

¿Por qué preguntarle a la Inteligencia Artificial no sustituye esa llamada?

Porque un modelo de Inteligencia Artificial, por defecto, tiende a responder de forma útil y complaciente a la pregunta tal como se la planteas, y la forma en que planteas una pregunta ya contiene, casi siempre, la respuesta que esperas escuchar. Si le preguntas si tu plan de expansión tiene sentido, describiendo el plan con el entusiasmo con el que tú lo ves, es más probable que el modelo te devuelva una versión organizada de ese mismo entusiasmo que una objeción real.

Esto no es un defecto exclusivo de la tecnología: le pasa lo mismo a cualquier persona que solo tenga acceso a la versión de los hechos que tú le cuentas. La diferencia con otro profesional experimentado es que esa persona puede reconocer, por experiencia propia, la señal de alarma que tú no ves porque estás demasiado cerca de la decisión.

Además, un modelo de Inteligencia Artificial no puede leer tu tono de voz cuando dudas, ni notar que evitas cierta pregunta, ni preguntarte por qué llevas dos semanas dándole vueltas a lo mismo. Esas señales, que otro profesional capta en una conversación real, son precisamente las que suelen anticipar una mala decisión.

¿Qué hace que una llamada de veinte minutos sea suficiente?

No es la duración lo que importa, es quién está al otro lado. Un profesional que ha pasado por decisiones parecidas antes reconoce patrones en minutos, porque ya ha visto cómo terminan varias versiones de la misma historia. No necesita conocer todos los detalles de tu situación para detectar la parte que no encaja.

Veinte minutos con la persona adecuada valen más que veinte horas dándole vueltas tú solo a la misma decisión, porque tú solo sigues viendo el problema desde el mismo ángulo una y otra vez.

Darle vueltas en soledad a una decisión no equivale a analizarla con rigor. Muchas veces equivale a repetir el mismo razonamiento con distintas palabras, buscando sin darte cuenta la versión que confirme lo que ya querías hacer desde el principio.

¿Por qué tiene que ser alguien sin nada que ganar con tu respuesta?

Porque cualquier persona con un interés en el resultado, un proveedor, un posible socio, alguien a quien le convenga que sigas adelante, tiene un sesgo estructural hacia decirte lo que le conviene a él, aunque sea sin mala fe consciente. La opinión útil es la que viene de alguien que no gana ni pierde nada según lo que decidas.

Esto reduce mucho el círculo de personas disponibles, porque la mayoría de la gente con la que hablas de tu negocio tiene, de una forma u otra, algún interés en el resultado.

¿Dónde se encuentra a un profesional así cuando trabajas completamente solo?

Se encuentra, casi siempre, en comunidades de profesionales de tu mismo sector o de sectores parecidos, donde la relación no está mediada por una transacción comercial. No es tu cliente, no es tu proveedor, no es tu competencia directa: es alguien que entiende el oficio de trabajar por cuenta propia y que puede mirar tu situación sin nada en juego.

Construir ese tipo de relación antes de necesitarla es la parte que casi todo el mundo se salta, porque parece que no urge, hasta el día que sí urge y no hay nadie a quien llamar.

Eventos del sector, formaciones compartidas o simplemente mantener el contacto con antiguos compañeros de profesión que ahora también trabajan por su cuenta suelen ser el origen de este tipo de relaciones, mucho antes de que haga falta usarlas para nada en concreto.

¿Qué preguntas conviene hacer en esa llamada?

Preguntas simples y directas: «si tú estuvieras en mi lugar, ¿firmarías esto?», «¿qué parte de esto te suena a las cosas que salen mal según tu experiencia?», «¿qué no te estoy contando que debería preguntarte?». La última pregunta suele ser la más reveladora, porque obliga a la otra persona a pensar en lo que falta, no solo en lo que ya le has contado.

Evita las preguntas que ya contienen la respuesta que buscas, como «¿no crees que esto tiene mucho sentido?». Esas preguntas invitan a la confirmación, no a la objeción honesta que necesitas escuchar.

La forma de plantear la pregunta importa tanto como la pregunta en sí. Describe la decisión con los hechos, no con el entusiasmo con el que la vives, y deja que la otra persona llegue a su propia conclusión sin que tu tono la condicione de antemano.

¿Qué pasa si esa llamada confirma que la decisión era correcta?

Entonces la tomas con más seguridad de la que tenías antes, y eso también tiene valor. El objetivo de esta conversación no es siempre encontrar un problema, es someter la decisión a un filtro externo antes de comprometer tiempo o dinero que no se recupera fácilmente.

Una decisión que sobrevive a veinte minutos de preguntas honestas de alguien con experiencia es, casi siempre, una decisión más sólida que la misma decisión sin haber pasado por ese filtro.

Ese filtro no cuesta nada más que el tiempo de una llamada, y es, con diferencia, la inversión con mejor retorno que puede hacer un profesional independiente en toda su carrera.

¿Cómo se construye esta red antes de necesitarla con urgencia?

Se construye con el mismo tipo de trabajo constante con el que se construye cualquier relación profesional útil: apareciendo, ayudando cuando puedes, manteniendo el contacto sin pedir nada a cambio la mayor parte del tiempo. No es una red de contactos para conseguir clientes, es una red de personas que entienden tu oficio y a las que puedes recurrir cuando el criterio propio no basta.

Esta misma lógica de apoyo entre profesionales que trabajan solos es la que exploramos al hablar de cómo cambia la relación con el dinero cuando dejas de decidir completamente solo: no se trata solo de mejores herramientas, se trata de mejores conversaciones antes de decidir.

No hace falta que esta red sea grande. Dos o tres personas con las que puedas hablar con total franqueza, y que puedan hablar contigo con la misma franqueza, son suficientes para cubrir la mayoría de las decisiones importantes que vas a enfrentar en un año normal de actividad.

¿Qué diferencia queda, a fin de año, entre quien tiene esa red y quien no?

La diferencia no se ve en las decisiones acertadas, que se parecen entre sí sin importar cómo se tomaron. Se ve en las decisiones evitadas a tiempo, las que nunca llegaron a convertirse en un problema visible porque alguien, en una llamada corta, señaló la grieta antes de que se hiciera grande.

Esas decisiones evitadas no aparecen en ningún balance, pero son, con frecuencia, la diferencia real entre un año bueno y un año que pudo haber sido malo.

Trabajar por tu cuenta no significa decidir siempre solo. Significa que nadie va a organizarte ese contraste externo por ti, así que tienes que construirlo de forma deliberada, antes de que una decisión grande te obligue a improvisarlo en un fin de semana de nervios.

Si quieres construir de forma ordenada esta red de apoyo profesional antes de necesitarla en una urgencia, puedes revisar cómo se organiza este acompañamiento entre profesionales que trabajan por su cuenta.


Sobre el autor

Javier G. Amblar acumula 27 años de trayectoria y ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países. Fue exprofesor asociado del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente, y hoy dirige «Evolution», el espacio de acompañamiento para quien trabaja por su cuenta. Su comunidad en línea supera las 500.000 personas. Puedes conocerlo aquí.

- Fuentes Generales: El listado aquí
- Imágenes generadas con IA en Magnific

Nota de elaboración y validación

Este artículo se ha elaborado con asistencia de inteligencia artificial para la búsqueda, organización y síntesis de información. El texto final, sus fuentes y sus conclusiones han sido revisados y validados por Anabel Blanco, Editora de IA Actual y Javier G. Amblar, Editor de IA Actual.

Política de Privacidad

- Todas las Imágenes han sido generadas con IA usando Magnific
- Editores: Anabel Blanco y Javier Amblar

Otros artículos sobre IA que debes leer