Recibe a la primera lo que tenías en la cabeza: cuatro frases para pedirle las cosas a Claude

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Escribes lo que necesitas, Claude responde, y la respuesta es correcta pero no es tuya. Se lee bien y no la mandarías. Lo que lo arregla casi siempre son cuatro frases escritas antes de pedir nada: quién eres, qué tienes delante, qué quieres obtener y cómo lo quieres.

Con esas cuatro frases Claude deja de adivinar y empieza a trabajar con lo que tú tenías en la cabeza. No hace falta saber nada técnico. Hace falta tardar cuarenta segundos más en la petición y ahorrarte diez minutos de correcciones.

Por qué una Inteligencia Artificial acierta más cuando le cuentas el contexto

Cuando le pides algo a un colega que lleva años contigo, no empiezas de cero. Él sabe cómo hablas, para quién trabajas y qué te molesta de los textos que huelen a plantilla. Claude no sabe nada de eso, salvo lo que tú le pones delante.

Si escribes «redáctame un mensaje para una clienta que no se decide», Claude tiene que rellenar los huecos con lo más probable. Tono neutro, longitud media, un saludo de manual. Lo más probable es correcto y no es tuyo.

No es un fallo de la herramienta. Es falta de datos.

En mis clases hago siempre el mismo ejercicio. Pido a cada persona que escriba en un papel lo que le pediría a Claude para un asunto real de su semana. Casi todos llenan una sola línea. Cuando ven la respuesta, dicen «no es lo que yo quería», y al preguntarles qué querían hablan durante un minuto entero, con detalles precisos. Ese minuto que cuentan en voz alta es justo lo que faltaba en la línea escrita.

Es la misma idea que ya comenté al hablar de lo que se gana al saber qué preguntar: la herramienta responde, pero quien sabe lo que busca eres tú. Las cuatro frases sirven para sacar ese saber de tu cabeza y ponerlo en la pantalla.

Cuatro frases que caben en una nota adhesiva

La estructura es corta a propósito. Una frase por cada cosa, sin adornos, sin título, sin la fórmula de «actúa como un experto». Puedes escribirlas en el orden que te salga, aunque conviene empezar por la primera porque ordena a las demás.

La primera dice quién eres. La segunda, qué tienes delante. La tercera, qué quieres obtener. La cuarta, cómo lo quieres. Si algún día solo tienes tiempo para una, que sea la tercera, pero verás enseguida que las otras tres cuestan poco y rinden mucho.

Una nota adhesiva pegada en el borde de la pantalla, con esas cuatro preguntas, es todo el equipo que necesitas.

Primera frase: quién eres

No es tu currículum. Es la parte de ti que cambia la respuesta. «Soy psicóloga con consulta propia y escribo yo misma el texto de mi web» le dice a Claude el vocabulario que debe usar, el nivel de detalle y a quién le va a hablar el resultado.

Cambia mucho según lo que pongas. «Soy asesor fiscal y escribo a clientes que no son del gremio» produce un texto muy distinto de «soy asesor fiscal y escribo a otro asesor». Con la misma petición y dos primeras frases diferentes, salen dos resultados que no se parecen.

Aquí el error más común es pasarse. Diez líneas sobre tu trayectoria no mejoran nada, y a veces estorban. Con una sola frase, la que explica desde dónde hablas y para quién, ya está.

Segunda frase: qué tienes delante

Es el material. El correo que te ha llegado, tus notas de la reunión escritas deprisa, el borrador de un texto que no te convence, o nada, si empiezas desde cero. Lo escribes en una frase y lo pegas debajo.

«Tengo delante el último correo de una clienta, que pego debajo.» «Tengo mis notas de una sesión de dos horas, con abreviaturas mías y sin orden.» «No tengo nada escrito, parto de cero.» Las tres son frases válidas, y la tercera evita que Claude se invente un punto de partida que no existe.

Si el material está desordenado, dilo tal cual. Claude no se ofende y trabaja mejor sabiendo que debe ordenar antes de escribir. Y antes de pegar nada con datos de personas, aplica la regla de siempre: no pegues lo que no mandarías por correo a un desconocido.

Tercera frase: qué quieres obtener

Aquí se decide casi todo. «Ayúdame con esto» no es una petición, es una invitación a que Claude elija por ti. «Quiero un mensaje de WhatsApp de cinco líneas que ella pueda contestar con una palabra» es algo que existe, que se puede comprobar y que se puede corregir.

Tres cosas ayudan a escribir esta frase. Qué objeto quieres (un mensaje, una tabla, una lista de preguntas, un párrafo para tu web). Quién lo va a leer. Y qué debería hacer esa persona al terminar de leerlo.

Esa última pregunta cambia el texto más que cualquier otra. Un mensaje pensado para que alguien conteste «sí» o «no» se escribe distinto de uno pensado para que alguien se sienta acompañado.

Cuarta frase: cómo lo quieres

Tono, longitud, formato y, sobre todo, lo que no quieres. «Cálido y directo, de unas cinco líneas, sin signos de exclamación, sin la palabra «urgente», sin lista.» Lo que no quieres suele ser más claro en tu cabeza que lo que quieres, y por eso rinde tanto escribirlo.

Hay un atajo que me gusta. Pega un texto tuyo que te represente bien, un correo que escribiste y te salió natural, y añade «escríbelo con esta voz». Claude copia el ritmo, las frases cortas, las costumbres que tú ni sabías que tenías.

Esto no le sirve a todo el mundo ni para todo. Si lo que pides es una definición, una traducción de una palabra o una duda suelta, una línea basta. Las cuatro frases son para cuando el resultado va a salir de tu casa con tu firma.

Un martes a las cinco, con una clienta que lleva tres semanas sin decidir

Imagina a una interiorista con estudio propio. Es martes, las cinco y diez de la tarde, y tiene abierto el último correo de una clienta que escribe «lo estamos pensando, os decimos algo». Son dos muestras de pintura para el salón, pegadas en la pared desde hace tres semanas, y el pintor está pendiente de una fecha.

Ella no quiere presionar y tampoco quiere esperar. Antes de escribir nada, le pasa esto a Claude:

Soy interiorista con estudio propio y trabajo sola con reformas de vivienda. Tengo delante el último correo de una clienta que lleva tres semanas sin elegir entre dos muestras de pintura para el salón; lo pego debajo. Quiero un mensaje de WhatsApp que le facilite decidir esta semana sin que sienta presión. Que sea cálido y directo, de unas cinco líneas, sin signos de exclamación, sin la palabra «urgente» y con una sola pregunta al final que se pueda responder con una palabra.

Lo que vuelve es algo parecido a esto: un saludo corto, una frase que reconoce que elegir color es difícil, una propuesta concreta (acercarse el jueves por la mañana con las dos muestras, que es cuando mejor entra la luz en ese salón) y una última pregunta, «¿jueves o viernes?». Ella cambia una palabra que no suena a ella, lo manda a las cinco y veinticinco y se levanta a poner agua.

Con la petición de una sola línea habría recibido un «estimada clienta, espero que se encuentre bien» y tres párrafos de cortesía. Habría tardado más en corregirlo que en escribirlo ella.

Fíjate en lo que no ha pasado. Claude no ha decidido nada por ella. Ha puesto en forma lo que ella ya sabía, que lo difícil era la fecha y no el color.

Qué hacer cuando la primera respuesta no es lo que esperabas

A veces sale torcido aunque hayas puesto las cuatro frases. Pasa. La tentación es rehacer toda la petición desde el principio, y casi nunca hace falta.

Cambia una sola cosa y vuelve a pedir. «Más corto.» «Quita la segunda frase.» «Menos formal, como si le escribiera a alguien que conozco desde hace años.» Cada corrección pequeña te enseña qué frase de las cuatro estaba floja, y la próxima vez la escribes mejor.

Hay otra pregunta que funciona sorprendentemente bien: «¿Qué información te habría hecho falta para acertar a la primera?». Claude suele responder con dos o tres datos concretos que no le diste, y esos datos son la frase que faltaba.

Y si lo que necesitas no es un texto sino una decisión, conviene saber que existe otro modo de trabajar con Claude, más de conversación que de encargo, como se cuenta al explicar la diferencia entre pedir una respuesta cerrada y pensar con Claude. Las cuatro frases sirven sobre todo para el encargo.

Lo que estas cuatro frases no arreglan

No arreglan los datos inventados. Claude escribe con soltura y a veces con más seguridad de la que tiene. Nombres, fechas, cifras y referencias los revisas tú, siempre, antes de que salgan con tu firma.

Tampoco sustituyen tu criterio. Si no sabes qué quieres decirle a tu clienta, ninguna estructura de frases te lo va a descubrir, aunque a veces ayuda escribirlo para darte cuenta de que no lo sabes. Eso también es útil, solo que no es lo mismo.

Y hay quien se pregunta si todo esto es hacer trampa. La duda es antigua y tiene recorrido, y la traté al hablar de si usarlo para escribir es hacer trampa o ser más inteligente. Mi opinión no ha cambiado: firmas lo que revisas, y lo que revisas con tu criterio es tuyo.

Cómo conseguir que las cuatro frases te salgan sin pensar

Durante la primera semana, escríbelas siempre, incluso para peticiones pequeñas. Al principio parecerá exagerado. Hacia el quinto día las escribes en menos de un minuto y notas cuándo falta una.

Con el tiempo descubrirás que la primera frase, la que dice quién eres, es casi siempre la misma. Cuando te canses de escribirla, existe una forma de guardarla para que Claude la tenga siempre presente, y es el paso siguiente, con su propio artículo sobre los Proyectos de Claude. No hace falta que corras hacia él. Primero, que las cuatro frases te salgan solas.

También conviene guardar tus propias peticiones buenas. Un documento con las tres o cuatro que mejor te han funcionado, ordenadas por tipo de encargo, vale más que cualquier plantilla ajena porque está escrito con tu voz y con tus casos.

Si prefieres aprenderlo con alguien al lado

Escribir bien una petición es una habilidad pequeña que se aprende rápido, y se aprende todavía más rápido con ejemplos de tu propia profesión y con alguien que te corrija la primera semana. Claude es la Inteligencia Artificial que más está ayudando a profesionales con su propia actividad, y aprender a pedirle las cosas bien deja más tardes libres y menos correcciones.

Si quieres hacerlo de forma ordenada y acompañada, el curso de Claude de consultoria.uno está pensado para profesionales con clientes propios. Saber más.


Sobre el autor

Javier G. Amblar lleva 27 años formando a profesionales. Es exprofesor del IE Business School, ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países y ha pasado por RTVE, Telemadrid, Onda Cero, EsRadio y Canal 24h. Es autor de Liderazgo (Editatum, 2018), tiene un canal con más de 368.000 suscriptores y una comunidad en línea de más de 500.000 personas. Hoy enseña a profesionales con clientes propios a trabajar con Claude, y puedes conocer el curso aquí.

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Este artículo se ha elaborado con asistencia de inteligencia artificial para la búsqueda, organización y síntesis de información. El texto final, sus fuentes y sus conclusiones han sido revisados y validados por Anabel Blanco, Editora de IA Actual y Javier G. Amblar, Editor de IA Actual.

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