El debate sobre si la Inteligencia Artificial va a provocar un paro masivo no tiene una respuesta cerrada, ni siquiera entre quienes más saben del tema: en poco más de un año, dos de las voces más influyentes de la Inteligencia Artificial han dicho cosas casi opuestas sobre el futuro del empleo. Después de 27 años viendo predicciones categóricas fallar en consultoría, la conclusión más honesta es desconfiar de cualquier afirmación absoluta y fijarse en lo que sí se puede comprobar hoy.
Dos voces de referencia, dos advertencias opuestas
Por un lado, Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, la empresa que desarrolla la Inteligencia Artificial Claude, lanzó en 2025 una de las advertencias más citadas sobre el empleo y la Inteligencia Artificial. Por otro, Andrew Ng, cofundador de Google Brain y uno de los nombres con más peso histórico en la investigación de Inteligencia Artificial, salió en 2026 a desmontar públicamente ese tipo de discurso.
Los dos hablan con autoridad técnica real. Los dos tienen acceso a información de primera mano sobre hacia dónde va esta tecnología. Y aun así, sus conclusiones sobre el empleo apuntan en direcciones casi opuestas.
Amodei fundó Anthropic en 2021 después de salir de OpenAI, y su empresa desarrolla Claude, una de las Inteligencias Artificiales que compite de tú a tú con ChatGPT y Gemini. Ng, por su parte, dirigió el laboratorio de Inteligencia Artificial de Google, cofundó Coursera y ha formado a millones de personas en aprendizaje automático a través de sus cursos. Ninguno de los dos habla desde fuera del sector, hablan desde el centro mismo de la industria que está provocando el debate.
Lo que dijo Dario Amodei y por qué sonó tan alarmante
En mayo de 2025, Dario Amodei advirtió en una entrevista con Axios de que la Inteligencia Artificial podría eliminar hasta la mitad de los empleos administrativos de nivel inicial en Estados Unidos en un plazo de cinco años, especialmente en finanzas, derecho, consultoría y tecnología, y que ese cambio podría elevar el desempleo hasta entre el 10% y el 20%.
Amodei señaló, en esa misma entrevista, que las empresas y los gobiernos estaban «edulcorando» el riesgo, y que quienes desarrollan la tecnología tienen la obligación de ser honestos sobre lo que viene, aunque resulte incómodo de escuchar. Sus palabras recorrieron medios de todo el mundo durante semanas.
Lo que respondió Andrew Ng un año después
El 12 de mayo de 2026, Andrew Ng publicó en la red social X que «no habrá un apocalipsis de empleo por la Inteligencia Artificial», y que contar historias exageradas de desempleo masivo es «irresponsable y dañino», según su propio mensaje publicado ese día.
Ng argumentó que la Inteligencia Artificial, como cualquier otra tecnología, afecta al empleo, pero que la creación neta de puestos sigue siendo muy superior a la destrucción, igual que ocurrió con olas tecnológicas anteriores. Puso como ejemplo el propio sector del software, donde los avances en programación asistida por Inteligencia Artificial no habían frenado la contratación de ingenieros.
Dos personas que saben de lo que hablan, y aun así no se ponen de acuerdo
Ni Amodei ni Ng hablan desde la ignorancia. Uno dirige una de las empresas que más está definiendo hacia dónde va la Inteligencia Artificial. El otro fue pionero en investigación de aprendizaje automático mucho antes de que el término se hiciera popular en cualquier conversación de sobremesa.
Si dos personas con ese nivel de acceso a la información y a los datos internos de la industria llegan a conclusiones tan distintas, la primera lección es sencilla: nadie tiene hoy una respuesta cerrada sobre el futuro del empleo, por muy alto que sea el cargo que ocupa quien habla.
Si te dedicas a la abogacía, a la consultoría o a la salud, es fácil sentirse atrapado entre dos relatos: uno que anuncia que tu profesión va a desaparecer en cinco años, y otro que asegura que no va a cambiar nada importante. Ninguno de los dos extremos suele describir con precisión lo que realmente vas a vivir en tu día a día durante los próximos años.
Por qué 27 años de consultoría enseñan a desconfiar de las afirmaciones absolutas
En 27 años asesorando a profesionales y organizaciones he visto pasar predicciones categóricas sobre casi todas las tecnologías que, según se anunciaba, iban a cambiarlo todo de un día para otro, para bien o para mal. Casi ninguna se cumplió tal y como se anunció, ni en el plazo, ni en la magnitud exacta que prometía el titular.
Esto no significa que el cambio no llegue. Significa que casi siempre llega distinto de como lo describen los titulares más llamativos, y que la forma correcta de prepararse no es creer la versión más extrema de ningún bando, sino observar con calma lo que va ocurriendo de verdad en tu sector concreto.
Quien vive de asesorar a otros aprende, tarde o temprano, que las certezas absolutas casi nunca vienen acompañadas de buenos consejos. Vienen acompañadas de titulares, y los titulares necesitan generar una reacción inmediata, no describir con precisión un futuro que todavía nadie conoce del todo.
Ejemplos de predicciones que no se cumplieron como se anunciaron
A finales de los años noventa se anunció que internet acabaría con el comercio físico en apenas una década. Las tiendas de barrio siguen existiendo, aunque el comercio cambió de una forma que nadie predijo con exactitud entonces. A principios de la década de 2010 se anunció que la automatización industrial dejaría sin trabajo a millones de operarios en un plazo muy corto, y el proceso resultó mucho más lento, más desigual entre sectores y más lleno de matices de lo que anunciaban los titulares más alarmistas.
El patrón se repite: la dirección del cambio suele acertarse, pero el plazo, la magnitud y quién sale beneficiado o perjudicado casi nunca coinciden con la versión más llamativa que primero circula en los medios.
Lo que sí se puede comprobar mientras el debate sigue abierto
Mientras Amodei y Ng discuten sobre el futuro, hay datos concretos que sí se pueden observar hoy. Ng señaló en su propio mensaje que, pese al avance de las herramientas de programación con Inteligencia Artificial, la contratación de ingenieros de software seguía siendo fuerte, y que el desempleo en Estados Unidos se mantenía en un 4,3%, una cifra que él mismo calificó de saludable.
Al mismo tiempo, distintos informes posteriores a la advertencia de Amodei han documentado caídas reales en la contratación de puestos de nivel inicial en sectores como la banca de inversión, con recortes que rondan los 200.000 puestos concentrados sobre todo en posiciones júnior. Los dos datos son ciertos a la vez, y ninguno cuenta toda la historia por sí solo.
Esa combinación de señales contradictorias es, en realidad, lo más honesto que se puede decir hoy sobre el empleo y la Inteligencia Artificial: hay sectores donde la contratación júnior ya se ha resentido de forma medible, y hay otros donde la demanda de profesionales con experiencia sigue firme, precisamente porque su criterio no se puede sustituir con una herramienta.
Qué hacer con esta incertidumbre en tu día a día
Si trabajas por tu cuenta, la pregunta útil no es quién tiene razón entre Amodei y Ng. Es qué parte de tu trabajo depende de tareas que ya se pueden automatizar y qué parte depende de tu criterio, tu experiencia y tu relación con tus clientes, algo que ninguna de las dos posturas discute que siga teniendo valor.
Un abogado con veinte años de casos resueltos, una nutricionista con cientos de pacientes satisfechos o un consultor con una cartera de clientes fieles no compiten con la Inteligencia Artificial en velocidad de cálculo. Compiten, y ganan, en algo que ninguna de las dos advertencias, ni la de Amodei ni la de Ng, pone en duda: el criterio construido con años de experiencia real frente a casos reales.
Prepararse no significa asumir el escenario más catastrofista ni el más optimista. Significa observar, con calma, qué cambia de verdad en tu sector concreto, y ajustar sobre datos reales, no sobre titulares diseñados para generar alarma o tranquilidad instantánea. Puedes seguir de cerca cómo está afectando la Inteligencia Artificial al empleo en distintos sectores antes de sacar conclusiones sobre el tuyo propio.
La experiencia y la reputación construidas durante años, esas que ninguna Inteligencia Artificial puede replicar de la noche a la mañana, siguen siendo el activo menos vulnerable a cualquiera de los dos escenarios. Vale la pena repasar de vez en cuando qué partes de tu trabajo dependen realmente de ti y cuáles se pueden delegar, sea cual sea el ritmo real del cambio.
Un debate que seguirá abierto durante años
El debate sobre el empleo y la Inteligencia Artificial va a seguir abierto durante bastante tiempo, probablemente con nuevas declaraciones que lo reabran cada pocos meses, en uno u otro sentido. Mientras tanto, la actitud más razonable sigue siendo la misma que en cualquier otro cambio tecnológico grande.
Escuchar a quienes más saben, comparar sus argumentos entre sí, y desconfiar de cualquiera que hable con una certeza que la propia industria todavía no tiene. Ni el apocalipsis anunciado por unos, ni la tranquilidad total prometida por otros, suelen ser el escenario que finalmente ocurre.
Sobre el autor
Javier G. Amblar acumula 27 años de experiencia en consultoría y ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países. Fue profesor asociado del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente, y ha colaborado como analista en RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio. Es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018), dirige un canal de YouTube con más de 368.000 suscriptores y reúne una comunidad en línea de más de 500.000 personas.
Su trabajo actual se reparte entre dos proyectos. RADAR revisa y corrige la visibilidad y la reputación de un profesional o un negocio ante ChatGPT, Gemini, Claude y Perplexity. Evolution es su programa de mentoría personalizada para profesionales con experiencia que quieren convertir su trayectoria en autoridad, mejores clientes e ingresos más estables.


