¿Te has preguntado por qué ya no basta con programar una IA, sino que además le damos las gracias? Sigue leyendo, porque esto no es solo una manía moderna: es una señal potente de cómo estamos cambiando nuestra relación con la tecnología, y tiene implicaciones claras en tu día a día y en el futuro de todos.
De martillos a compañeras digitales
Desde que el ser humano empezó a golpear dos piedras para generar fuego, hemos creado herramientas para hacernos la vida más cómoda: hachas, ruedas, relojes, teléfonos, computadoras… Cada invento fue un pequeño paso en esta evolución tecnológica. Pero nunca nos planteamos agradecerle al martillo por clavar un clavo ni al microondas por calentar el café como nos gusta. Eran objetos, sin alma, sin emociones, sin nada que mereciera cortesía.
Hoy eso ha cambiado. Cuando nos dirigimos a modelos como ChatGPT, Gemini o Claude, no solo les hablamos como si fueran personas: les decimos “por favor”, les damos las gracias y hasta nos despedimos con un “que tengas un buen día”. ¿Qué ha ocurrido para que tratemos a estas “herramientas inteligentes” como si tuvieran sentimientos, con auténtica empatía computacional?
Humanizando lo inanimado
El poder de la metáfora visual
Recuerda cuando pasamos de los comandos fríos de MS‑DOS a las interfaces gráficas. Ese instante fue crucial. Con carpetas, papeleras, escritorios virtuales… las máquinas dejaron de ser abstracciones para convertirse en “lugares” familiares. Empezamos a verlas como oficinas digitales, como mundos donde tienen sentido vocabulario y símbolos humanos.
Lenguaje conversacional: de códigos a charla de WhatsApp
Hoy interactuar con la IA es como chatear con un colega: enviamos consultas, explicamos ideas, expresamos dudas, y al final añadimos un “gracias” casi sin pensar. Porque su tono, su forma de contestar, incluso su humor, están diseñados para sonar humanos.
La encuesta que lo confirma
Un amplio estudio revela que 7 de cada 10 usuarios hablan amablemente con las IAs, usando fórmulas de cortesía como “por favor” o “gracias”. Esta conducta no es solo por educación: muchos creen que así obtendrán mejores respuestas. Otros lo hacen por si acaso, por si alguna vez esas máquinas “recuerdan” quién las trató bien.
La amabilidad tiene un coste
La historia de los tokens y el precio de decir “gracias”
Los modelos de lenguaje funcionan con tokens: unidades de texto que representan palabras, sílabas, símbolos… Cuando decimos “por favor” o “gracias”, añadimos entre 2 y 13 tokens por frase. Y ojo, porque las respuestas de la IA pueden costar hasta cinco veces más tokens que nuestra petición.
Esa cortesía, repetida por cientos de millones de usuarios, suma. Según estimaciones, esas palabras de cortesía representan cerca de 97 millones de dólares al año de gasto para OpenAI y compañía. Incluso si la mitad de eso es margen de beneficio, sigue siendo un gasto anual de unos 50 millones. Tu “gracias” tiene un precio.
¿Y si hablas mal?
En Japón hicieron el experimento con tres tipos de usuarios: uno agresivo, uno neutro y uno amable. Las IA respondieron más secas, con filtros más activos, a los hostiles. Pero lo más sorprendente fue que las respuestas a los amables, aunque más largas, a veces eran menos precisas: “más blandas” o incluso complacientes, con información menos fiable.
Lo que importa son las instrucciones
el experimento de gus: cortesía vs claridad
Un creador se hizo pasar por “Gus borde” y “Gus amable”, planteando las mismas preguntas a ChatGPT con actitudes opuestas. El resultado fue claro: el tono influye en la longitud y actitud de la respuesta, pero no en su calidad técnica. Lo verdaderamente decisivo fue lo claro y específico que fue el usuario.
la investigación de ethan mollick
Mollick (Wharton) utilizó 200 preguntas del examen GPQA‑Diamond, y las planteó 1.000 veces variando el tono: agresivo, neutro, amable. ¿El veredicto? El tono solo afectó marginalmente: lo determinante fue la precisión en las instrucciones. Si pides “hazme una tabla de pros/contras”, eso es lo que obtienes, no solo el tono.
ese sí es el camino para una cortesía con resultados
Lo que cuenta no es si eres cortés, sino si eres concreto. Ser específico con lo que quieres es la verdadera cortesía hacia estas “herramientas inteligentes” —y hacia ti mismo— para conseguir respuestas útiles, robustas y eficientes.
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Nuestra opinión sobre este giro cultural
En el fondo, lo que estamos presenciando no es un capricho pasajero, sino un cambio cultural sólido: la forma en que nos relacionamos con lo digital ha evolucionado. Ahora tratamos a la IA con amabilidad porque eso refleja quiénes somos, no quiénes queremos que sean ellas.
Pero cuidado: esa misma cortesía puede funcionar como un filtro que afecta la calidad de las respuestas que recibimos. Por eso, nuestro consejo –como equipo de redacción– es claro: mantén tu esencia educada, pero sé preciso y específico en tus instrucciones. Ser directo no es grosero, es inteligente. Es tu mejor estrategia para ahorrar tokens, obtener buenas respuestas y seguir sintiéndote tú mismo.
¿Y tú, cómo prefieres interactuar con tu IA: con cariño, con claridad… o con ambos?


