Hemos revisado varias publicaciones y documentos sobre la reciente demanda presentada por Warner Music, Sony Music y Universal Music contra dos compañías de generación algorítmica de música, Suno y Udio. Las discográficas alegan violaciones masivas del copyright por el uso de canciones de su catálogo para entrenar los algoritmos de estas compañías.
La visión de las discográficas
Para las discográficas, la simple inspiración en sus canciones es vista como una transgresión. En su perspectiva, cualquier obra que suene similar o evoque sus producciones debe ser perseguida y sancionada. El hecho de que estas canciones sean accesibles para el público a través de múltiples plataformas no exime a los algoritmos de la prohibición de usarlas en su entrenamiento. Este es un punto que los tribunales tendrán que evaluar, y no está tan claro cómo se definirá legalmente.
El centro del conflicto
Las discográficas exigen $150,000 por cada canción que supuestamente fue utilizada en el entrenamiento de los algoritmos, sumando un total de más de 600 canciones para Suno y más de 1,600 para Udio. Estas cifras parecen haber sido seleccionadas para ser lo suficientemente disuasorias. Las compañías musicales argumentan que los usuarios de Suno y Udio han creado música con elementos similares a canciones como “My Girl” de The Temptations, “All I Want for Christmas Is You” de Mariah Carey y “I Got You (I Feel Good)” de James Brown. También aseguran que estos algoritmos pueden generar voces que imitan a artistas como Michael Jackson, Bruce Springsteen y ABBA.
La posición de Suno y Udio
De acuerdo con las discográficas, Suno y Udio han sido evasivas respecto al material utilizado para entrenar su tecnología. Revelar estas fuentes, según ellas, sería admitir una infracción deliberada a gran escala. Sin embargo, probar estas acusaciones no es tan sencillo. ¿Es posible identificar las canciones exactas utilizadas en cada momento? ¿O es más bien un proceso de remezcla que produce música completamente nueva y debe ser considerado de otra manera?
Reinterpretando el copyright en la era digital
La posición de las discográficas parece anclada en una visión tradicional del copyright. Pero, ¿y si un algoritmo se comporta como un humano que escucha música y luego crea algo nuevo inspirado en lo que ha oído? La capacidad de los algoritmos para imitar voces hasta hacerlas indistinguibles de las originales plantea una pregunta importante: ¿vamos a penalizar a todo aquel que tenga una voz parecida a un artista de su catálogo?
La evolución de la creatividad
El sistema de copyright actual, que data de épocas pasadas, enfrenta dificultades para aplicarse en un mundo donde todo es una remezcla. Las mismas discográficas han replicado estilos y se han inspirado en múltiples influencias a lo largo de los años. Ahora, pretenden que un algoritmo no puede hacer lo mismo. Pero la creatividad siempre ha implicado la mezcla y reinterpretación de elementos preexistentes.
¿Cuál es nuestra opinión al respecto?
Desde nuestra perspectiva, el conflicto entre las discográficas y las compañías de generación algorítmica de música refleja una resistencia al cambio en la industria musical. Las tecnologías de inteligencia artificial ofrecen nuevas formas de creatividad que no deberían ser frenadas por marcos legales obsoletos. Es crucial actualizar nuestras leyes y regulaciones para reflejar el mundo en el que vivimos hoy, donde la remezcla y la reinterpretación son parte integral de la creación artística.


