Un error de traducción automática en tu web o en tu ficha profesional no es un problema estético: cuando una Inteligencia Artificial usa ese texto como fuente para explicar qué haces, el error deja de ser tuyo y se convierte en lo que la máquina cree que ofreces. El caso más citado en España, el de la web turística de Santander en 2018, muestra hasta qué punto una traducción automática puede cambiar el sentido real de un servicio sin que nadie se dé cuenta a tiempo.
¿Qué pasó exactamente con la web de turismo de Santander?
En enero de 2018, el Ayuntamiento de Santander presentó en la feria FITUR una web de turismo traducida al inglés con Google Translate, según recogieron El Español y Público el 17 de enero de 2018. El resultado convirtió «Centro Botín» en «Centro del Saqueo» o «Loot Centre», y «casco antiguo» en «Historic Helmet», un casco de moto histórico en lugar de un barrio con siglos de historia.
El responsable de turismo reconoció que se usó una traducción automática por falta de tiempo antes de la feria, según publicó elfaradio.com el 16 de enero de 2018. Los traductores profesionales del sector calificaron de grave que una institución prescindiera de un profesional cualificado para un material que representaba a toda una ciudad.
¿Por qué un error así deja de ser gracioso cuando lo repite una máquina?
Cuando una persona lee «Historic Helmet» en una web, entiende que hay un error y sigue leyendo. Cuando un sistema de Inteligencia Artificial procesa ese mismo texto para responder a la pregunta de otra persona, no tiene ese margen de duda: toma el texto como está y lo convierte en la base de su respuesta.
Esa es la diferencia real entre un error de traducción que hace reír en redes sociales y un error de traducción que cambia lo que una Inteligencia Artificial dice que ofreces. El primero se olvida en una semana. El segundo se queda instalado en cada respuesta que un modelo genera a partir de esa página, hasta que alguien lo corrige en origen.
¿Cómo llega un texto mal traducido a la respuesta de un modelo de lenguaje?
Los modelos de Inteligencia Artificial como ChatGPT, Gemini y Perplexity construyen sus respuestas a partir de páginas web que rastrean o consultan en el momento, y una ficha traducida por un tercero, un directorio o un plugin automático de tu propia web entra en ese mismo circuito sin ningún filtro que compruebe si la traducción dice lo mismo que el original.
Si tu web original en español dice una cosa y la versión en inglés generada de forma automática dice otra, no hay dos versiones de tu negocio para la Inteligencia Artificial, hay una versión contradictoria. Y ante una contradicción, un modelo no elige la correcta, elige la que encuentra con más frecuencia o la que le resulta más fácil de citar.
¿Qué tan grave puede llegar a ser un error de traducción en un servicio profesional?
Un estudio publicado el 9 de marzo de 2021 en el Journal of General Internal Medicine, realizado por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles y del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, evaluó 400 instrucciones médicas de alta hospitalaria traducidas con Google Translate a siete idiomas, entre ellos español y armenio.
La traducción global fue precisa algo más del 80% de las veces, según ese mismo estudio, pero el 20% restante incluyó errores que, en el caso del armenio, convirtieron la frase «puedes tomar ibuprofeno según lo necesites para el dolor» en una instrucción que hablaba de tomar un misil antitanque según lo necesites, tal como reportó The Verge sobre esa investigación. La autora del estudio, la investigadora Lisa Diamond, explicó que basta un solo error de ese tipo para que un paciente deje de tomar un anticoagulante, o tome demasiado, y termine en una urgencia real.
¿Y si el error no está en un hospital, sino en las condiciones de tu propio servicio?
Una investigación académica sobre una aerolínea comercial documentó cómo sus condiciones de servicio, redactadas originalmente en vietnamita y traducidas al inglés y después al tailandés con Google Translate, llegaron a los pasajeros con un sentido distinto al original, sin que la aerolínea contara con personal que hablara tailandés para revisarlo antes de publicarlo.
El patrón se repite en los tres casos: una institución, un hospital o una empresa confían en una traducción automática para ahorrar tiempo, y nadie con criterio propio revisa si lo que dice el texto final coincide con lo que de verdad se quiere decir. La diferencia entre estos casos y el de un profesional que trabaja solo es que un ayuntamiento o una aerolínea tienen un departamento de comunicación que puede reaccionar. Un consultor, una psicóloga o un abogado que trabaja por su cuenta, casi nunca lo tiene.
¿Qué versión de ti está leyendo la Inteligencia Artificial ahora mismo?
Si tienes una web con un selector de idioma automático, un directorio profesional que traduce tu ficha sin que tú lo hayas revisado, o un perfil en una plataforma que genera una versión en inglés de tu descripción, es muy probable que exista una versión de tu servicio que tú nunca has leído.
Esa versión, la que tú no has visto, puede ser la que un cliente potencial en otro idioma le pregunte a ChatGPT o a Gemini, y la que la Inteligencia Artificial use para explicar en qué consiste lo que ofreces. Si esa versión dice algo distinto de lo que tú ofreces de verdad, el problema no es tuyo hasta que empieza a costarte un cliente.
¿Cómo se comprueba esto sin depender de saber inglés perfecto?
No hace falta dominar el idioma de destino para detectar el problema. Basta con volver a traducir la versión ya traducida a tu propio idioma, con una herramienta distinta a la que se usó la primera vez, y leer si lo que sale se parece a lo que tú ofreces de verdad.
Si el resultado suena raro, incompleto o directamente distinto, no es un matiz sin importancia. Es la misma distancia que separaba «casco antiguo» de «casco de moto histórico» en la web de Santander, aplicada a tu propio negocio y a tu propio nombre.
¿Por qué esto es un problema distinto al de una web desactualizada?
Una web con datos de hace años se corrige actualizando una fecha o un precio. Una traducción que cambia el sentido de tu servicio se corrige reescribiendo, porque el problema no está en un dato suelto, está en cómo se ha construido la frase entera.
Es un error de estructura, no de contenido, y por eso pasa más desapercibido: la página parece completa, tiene buena pinta, y solo falla en el punto exacto donde alguien que no lee tu idioma original va a entender otra cosa distinta a lo que ofreces.
¿Qué directorios y fichas conviene revisar primero, y por qué no basta con mirar tu propia web?
Tu web no es el único sitio donde puede existir una versión mal traducida de tu servicio. Los directorios profesionales, las fichas de reserva de citas, los perfiles en plataformas internacionales y hasta las reseñas traducidas automáticamente por la propia plataforma pueden contener una versión distinta de lo que tú ofreces, escrita por un sistema que tú nunca autorizaste.
Revisar solo tu propia web y dar el problema por resuelto es quedarte a mitad de camino, porque una Inteligencia Artificial no distingue entre tu web oficial y una ficha de un directorio de terceros a la hora de decidir qué fuente usar para describirte.
Lo que puedes comprobar hoy mismo, antes de que lo note un cliente
Preguntarle directamente a ChatGPT, a Gemini o a Perplexity qué haces, en el idioma en el que tienes una versión traducida de tu web, es la forma más rápida de ver si la Inteligencia Artificial ha heredado el error. Si la respuesta describe un servicio distinto al que ofreces, ya sabes que el problema no está solo en una página, está en cómo te está explicando una máquina a alguien que todavía no te conoce.
Aparecer en la respuesta de una Inteligencia Artificial ya es difícil de por sí. Aparecer con una versión de ti mismo que dice algo que no es cierto es peor que no aparecer, porque el cliente cree que ya sabe lo que ofreces y ni siquiera te va a preguntar para confirmarlo.
No es un caso aislado. Ya lo tratamos con más detalle en ¿Y si la Inteligencia Artificial ya supiera cuál debería ser tu próximo trabajo?, y el mismo mecanismo aparece en Tu web dice una cosa y tu ficha dice otra. La maquina no elige: desconfia de las dos.
RADAR revisa qué versión de tu servicio está leyendo hoy la Inteligencia Artificial, en cada idioma en el que apareces, y te dice si hay algo que corregir antes de que lo note un cliente. Comprueba qué dice de ti la Inteligencia Artificial en cada idioma.
Sobre el autor
Javier G. Amblar acumula 27 años de trayectoria como consultor y ha sido comentarista en RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio. Fue profesor asociado del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente, y ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países a lo largo de su carrera. Autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018), hoy reúne a una comunidad en línea de más de 500.000 personas y dirige un canal de YouTube con más de 368.000 suscriptores, además de ayudar a profesionales independientes a comprobar qué dice de ellos la Inteligencia Artificial a través de RADAR.


