El truco que aprendí en televisión y hoy tiene cualquiera a mano gracias a la Inteligencia Artificial

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En televisión y en radio aprendes rápido que, antes de sacar algo al aire, conviene buscar al crítico más exigente que puedas encontrar, alguien capaz de ver el fallo que tú ya no ves porque llevas demasiadas horas mirando el mismo guion. Hoy, gracias a la Inteligencia Artificial, cualquiera tiene ese crítico a mano sin necesidad de una redacción detrás, siempre que sepa pedirle lo correcto.

Lo que aprendí en años de televisión y radio sobre pedir la crítica más dura

Colaborar durante años en RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio enseña una costumbre que no se aprende en ningún manual: antes de que un guion salga al aire, alguien tiene que hacer de abogado del diablo. No el compañero que dice que está bien porque no quiere incomodar, sino el que busca activamente dónde falla el argumento.

Esa costumbre no nace de la inseguridad, nace de la experiencia de haber visto salir al aire cosas mal preparadas y comprobar el coste de no haberlas revisado a tiempo. Cuanto más público tiene lo que vas a decir, más caro sale no haber buscado antes esa crítica dura.

No hacía falta que el crítico tuviera razón en todo. Bastaba con que encontrara el ángulo por el que un espectador exigente, o un oyente que no te conocía de nada, podía desmontar el argumento en diez segundos. Ese ejercicio, repetido durante años, termina cambiando cómo revisas cualquier cosa antes de que salga de tus manos.

El error que comete casi todo el que empieza a publicar algo

El error más común no es escribir mal. Es enseñar el trabajo solo a quien ya está de acuerdo contigo, o peor, no enseñarlo a nadie antes de publicarlo. La familia, los compañeros de confianza, incluso los clientes fieles, tienden a suavizar la crítica porque quieren tu aprobación tanto como tú quieres la suya.

El resultado es un texto, una charla o un documento que parece sólido dentro de tu círculo cercano y se desmorona en cuanto lo lee alguien sin ningún interés en quedar bien contigo. Ese lector exigente, hasta hace poco, era difícil de encontrar antes de publicar.

Por qué este ejercicio importa más si trabajas solo

Cuando trabajas en una consulta, un despacho o un estudio sin un equipo detrás, no tienes ese filtro natural que existe en una redacción, donde varias personas revisan lo mismo antes de que salga. Cada correo importante, cada propuesta, cada publicación la revisas tú solo, con tus propios ojos, que ya están acostumbrados a lo que has escrito.

Ese es precisamente el hueco que puede ocupar una Inteligencia Artificial bien utilizada: no como sustituto de tu criterio, sino como el compañero exigente que no tienes a mano en una oficina pequeña o en una consulta individual.

Lo que hace Seth Godin antes de publicar cualquier documento complejo

El escritor y divulgador Seth Godin explicó en una entrevista recogida por The Motley Fool el 25 de junio de 2025 que sube documentos complejos, como un plan de negocio de treinta o cuarenta páginas escrito por varias personas a lo largo de meses, a Claude, la Inteligencia Artificial de Anthropic, y le pide que busque las incoherencias internas.

Godin no le pide a la Inteligencia Artificial que escriba el documento ni que lo mejore por él. Le pide algo más incómodo: que resuma el contenido, que señale las contradicciones y que haga las preguntas difíciles que un lector exigente haría antes de aceptar lo que está leyendo.

Encontrar incoherencias no es lo mismo que buscar halagos

La diferencia es sutil pero decisiva. Muchas personas usan hoy una Inteligencia Artificial para que les diga que su idea es buena, que su texto está bien escrito, que su argumento se sostiene. Es una forma de buscar tranquilidad, no de mejorar el trabajo.

Lo que describe Godin es lo contrario: pedirle explícitamente que busque el fallo, que dude, que pregunte lo que un crítico exigente preguntaría. Esa instrucción, tan simple como cambiar la orden que le das, cambia por completo lo que la Inteligencia Artificial te devuelve.

La diferencia entre usar la Inteligencia Artificial como crítico y usarla como autor

Aquí está el matiz que más se pierde en las conversaciones sobre Inteligencia Artificial y escritura. Una cosa es pedirle que escriba por ti, y otra muy distinta es pedirle que critique lo que ya has escrito tú con tu propio criterio.

La primera te ahorra el trabajo de pensar. La segunda te obliga a pensarlo mejor, porque tienes que responder a cada objeción con tu propio juicio antes de publicar nada. Godin insiste en que nunca le pide a la Inteligencia Artificial que escriba por él, solo que critique lo que él ya ha escrito de su puño y letra.

Imagina que preparas un informe para un cliente o una propuesta para una colaboración importante. Pedirle a la Inteligencia Artificial que lo redacte desde cero te da un texto genérico, sin tu forma de pensar. Pedirle que lo lea después de que tú lo hayas escrito, buscando huecos y contradicciones, te devuelve algo mucho más valioso: una segunda mirada sobre tu propio razonamiento.

Lo que este hábito no sustituye

Pedirle a una Inteligencia Artificial que sea tu crítico más duro no sustituye la lectura de alguien que conoce tu sector, tu lenguaje y a tus clientes reales. La Inteligencia Artificial no sabe qué palabras funcionan mejor con tu tipo de cliente ni qué objeciones concretas suelen surgir en tu consulta.

Lo que sí aporta es algo que a veces cuesta encontrar: una mirada sin compromiso emocional con lo que has escrito, dispuesta a señalar el fallo sin suavizarlo por miedo a incomodarte. Combinar las dos cosas, tu criterio de sector y la exigencia sin filtros de la Inteligencia Artificial, da mejor resultado que usar solo una de las dos.

Qué preguntas merece la pena hacerle a la Inteligencia Artificial antes de publicar

No hace falta una fórmula complicada. Basta con pedirle, con esas palabras o parecidas, que encuentre las incoherencias del texto, que señale qué parte no queda clara para alguien que no conoce el tema, y que haga la pregunta más incómoda que se le ocurra sobre lo que estás a punto de publicar.

Lo interesante no es solo la respuesta que recibes, es el ejercicio de leer tu propio trabajo desde fuera, con los ojos de alguien que no tiene ningún interés en que quedes bien. Ese ejercicio, aplicado a un correo importante, a una propuesta o a un artículo, cambia el resultado final más de lo que parece antes de probarlo.

Puedes pedirle, por ejemplo, que se ponga en el lugar de un cliente escéptico y explique por qué no confiaría en lo que acaba de leer. O que busque la frase más débil de todo el texto, la que un lector crítico subrayaría primero para cuestionarla. Cada pregunta distinta saca a la luz un ángulo distinto del mismo problema.

Por qué este ejercicio incomoda, y por qué esa incomodidad es la señal correcta

La primera vez que le pides a una Inteligencia Artificial que sea dura contigo, es probable que la respuesta te incomode. Va a señalar cosas que preferirías no haber visto antes de publicar, y eso es exactamente lo que tiene que pasar.

Si la respuesta te deja completamente tranquilo, probablemente no le has pedido suficiente exigencia. El objetivo no es sentirte bien con lo que has escrito, es publicar algo que resista la lectura de alguien que sí quiere encontrarle el fallo, con la misma exigencia que tendría cualquier gran medio antes de emitir.

Esa incomodidad inicial es, de hecho, la mejor señal de que el ejercicio está funcionando. Cuando algo que has escrito sale indemne de una crítica así de exigente, puedes publicarlo con la tranquilidad de haberlo puesto a prueba antes de que lo hiciera un lector real, que no va a avisarte con la misma amabilidad.

Lo que cambia cuando conviertes esto en costumbre

Convertir este ejercicio en un hábito, no en algo que haces solo cuando tienes dudas, cambia la calidad de lo que publicas con el tiempo. Empiezas a anticipar tú mismo las preguntas difíciles antes incluso de preguntarle nada a la Inteligencia Artificial que uses como herramienta de pensamiento.

Ese es, en el fondo, el mismo efecto que buscaba en televisión y en radio al pedirle a alguien que fuera duro con un guion antes de grabarlo. La diferencia es que hoy ese crítico exigente no depende de tener una redacción detrás. Está disponible para cualquiera que trabaje solo, desde una consulta, un despacho o un estudio, con la misma exigencia con la que lo tendría cualquier gran medio de comunicación.

Nada de esto exige tecnología complicada ni conocimientos técnicos. Exige, eso sí, estar dispuesto a escuchar una respuesta que no siempre va a gustar, y tener claro que el objetivo final no es sentirse bien mientras se escribe, sino publicar algo que aguante la lectura de alguien que de verdad quiere encontrarle el fallo.


Sobre el autor

Javier G. Amblar lleva 27 años trabajando en consultoría y ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países. Fue profesor asociado del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente, y ha colaborado como analista en RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio. Es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018), dirige un canal de YouTube con más de 368.000 suscriptores y reúne una comunidad en línea de más de 500.000 personas.

Hoy dedica su trabajo a dos proyectos. RADAR revisa y corrige la visibilidad y la reputación de un profesional o un negocio ante ChatGPT, Gemini, Claude y Perplexity. Evolution es su programa de mentoría personalizada para profesionales con experiencia que quieren convertir su trayectoria en autoridad, mejores clientes e ingresos más estables.

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Este artículo se ha elaborado con asistencia de inteligencia artificial para la búsqueda, organización y síntesis de información. El texto final, sus fuentes y sus conclusiones han sido revisados y validados por Anabel Blanco, Editora de IA Actual y Javier G. Amblar, Editor de IA Actual.

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