Si trabajas en coaching ejecutivo, la Inteligencia Artificial acaba de ponerte delante el encargo mejor pagado de los próximos tres años, y no tiene nada que ver con aprender herramientas. Consiste en sentarte con quien está a punto de recortar plantilla creyendo que una máquina hará ese trabajo, y obligarle a mirar la decisión antes de firmarla. La investigación de la consultora Orgvue, publicada el 29 de abril de 2025, dice que el 39% de los altos directivos ya despidió a alguien por desplegar Inteligencia Artificial, y que el 55% de ellos admite que se equivocó. Eso es más de la mitad de tus clientes potenciales reconociendo un error caro que nadie les ayudó a evitar.
Qué acaba de pasar en Oracle, y por qué no es una noticia de tecnología
Oracle terminó su ejercicio fiscal de 2026 con unos 21.000 empleados menos, una caída del 13% que la llevó de 162.000 a 141.000 personas, según recogió la CNBC el 23 de junio de 2026 a partir del informe anual de la propia compañía, donde se cita la adopción de Inteligencia Artificial como causa. Al mismo tiempo, su inversión en infraestructura pasó de 21.200 a 55.700 millones de dólares y dejó el flujo de caja libre en números rojos.
La lectura fácil es que un gigante recorta para pagarse la fiesta. La lectura útil para ti es otra. Una organización con más medios que nadie para analizar el impacto tomó una decisión de plantilla y de gasto a la vez, bajo presión y sin certeza de retorno. Tus clientes están haciendo exactamente lo mismo, con un comité de dirección de seis personas y una hoja de cálculo.
El 55% de los que despidieron por Inteligencia Artificial admite que se equivocó
El dato de Orgvue sale de una encuesta a 1.163 directivos y altos responsables de decisión en organizaciones grandes de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Irlanda, Australia, Hong Kong, Malasia y Singapur, realizada entre febrero y marzo de 2025. Además del 55% que reconoce haberse equivocado, un 34% vio marcharse por su cuenta a empleados como consecuencia directa del despliegue, y un 30% admite que no sabe qué puestos de su organización corren más riesgo de automatizarse.
Oliver Shaw, consejero delegado de Orgvue, lo resumió así en la presentación del estudio: «Estamos ante la peor escasez global de competencias en una generación, y prescindir de empleados sin un plan claro de transformación de la plantilla es temerario». Un año después, la CNBC documentaba el 1 de julio de 2026 que compañías como Ford e IBM habían empezado a recontratar a parte de la gente que dejaron ir.
Tu cliente no tiene un problema de herramientas, tiene un problema de criterio
Aquí es donde el coaching ejecutivo y la Inteligencia Artificial se cruzan de verdad, y no en el sitio donde casi todo el mundo lo está buscando. Tu cliente no necesita que le expliques cómo funciona un modelo de lenguaje. Para eso tiene un departamento, un proveedor o un sobrino. Lo que no tiene es alguien delante que le pregunte, sin agenda comercial, qué pasa si se equivoca.
Las tres preguntas que abren esa conversación son sencillas y ninguna es técnica. Qué tarea concreta va a dejar de hacer una persona, y quién revisa el resultado cuando la máquina falle. Qué conocimiento se va con quien sale, y dónde está escrito si es que está escrito en algún sitio. Y si dentro de dieciocho meses hay que dar marcha atrás, cuánto cuesta y a quién se lo cuentas.
Ninguna de esas preguntas exige que sepas de tecnología. Exigen que sepas sostener una conversación incómoda con alguien que ya ha decidido, que es literalmente el oficio por el que cobras. La distancia entre lo que la Inteligencia Artificial promete y lo que después aparece en la cuenta de resultados es un terreno conocido: la productividad prometida rara vez acaba donde se anunció, y el coste real de las herramientas tampoco es el que aparecía en la primera factura.
La decisión que nadie está mirando: quién dirigirá dentro de cinco años
Hay un efecto de segundo orden que a tus clientes se les escapa casi siempre, y es el que más te conviene poner sobre la mesa porque nadie más lo hace. Los puestos que primero se automatizan son los de entrada, las tareas repetitivas, los primeros años de oficio. Son también el único sitio donde se forman los directivos de dentro de una década.
Un plan de sucesión sin cantera es un plan de sucesión sobre el papel. Si a tu cliente le quitas el primer peldaño, dentro de cinco años tendrá que comprar fuera, más caro, gente que no conoce la casa. Ese argumento ya se está viendo con datos: la Inteligencia Artificial está borrando el primer escalón de la carrera profesional, y las consecuencias no se pagan este trimestre, se pagan en el siguiente relevo.
Qué puedes llevar a la próxima sesión sin convertirte en consultor de tecnología
Lo primero es cambiar el encuadre de tu propia oferta. Deja de llamarlo acompañamiento al cambio, que no significa nada, y llámalo lo que es: revisión de decisiones de plantilla antes de firmarlas. Se entiende, se factura y tiene una urgencia que tu cliente reconoce.
Lo segundo es tener el dato a mano. No hace falta que lo sepas todo sobre Inteligencia Artificial, hace falta que puedas decir en una frase que más de la mitad de quienes tomaron esa decisión reconocen haberla tomado mal. Ese número abre más puertas que cualquier presentación.
Y lo tercero es aceptar que este servicio no lo vas a vender explicándolo, lo vas a vender preguntando. Quien va a firmar un recorte no busca formación, busca a alguien que le obligue a mirar lo que ha decidido no mirar. Eso es tu oficio de siempre, aplicado al asunto que hoy quita el sueño en todos los comités de dirección.
Si te has reconocido en esto y la parte que te falta es la estructura, cómo se empaqueta ese servicio, cómo se cuenta y cómo llega a los clientes adecuados sin depender de que alguien te recomiende, eso es exactamente lo que Javier G. Amblar trabaja con cada persona en Evolution, su programa de acompañamiento para profesionales con cartera propia. No es un curso de herramientas. Es el trabajo de convertir lo que ya sabes hacer en algo que se pueda vender con nombre y precio.
Si la Inteligencia Artificial te importa de verdad, apúntate a nuestro newsletter gratuito. Solo lo esencial, sin ruido.


