En 2023 dijeron que ChatGPT acabaría con Google en un año. Esto es lo que pasó de verdad

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En diciembre de 2022, con ChatGPT recién lanzado y ya con un millón de usuarios en cinco días, el consejero delegado de Google, Sundar Pichai, declaró un «código rojo» interno por miedo a que ese chatbot dejara obsoleto el buscador. Tres años después, en 2026, Google Search sigue moviendo más de 63.000 millones de dólares en un solo trimestre y controla más del 90% de las búsquedas del mundo. La predicción no se cumplió como se anunció.

¿Qué se dijo exactamente en 2022 y 2023 sobre el fin de Google?

Cuando ChatGPT se hizo público en noviembre de 2022, la reacción dentro de Google fue de alarma real, no de gesto publicitario. Sundar Pichai convocó ese «código rojo» en diciembre de 2022, redirigiendo equipos enteros de investigación y de otras áreas hacia el desarrollo urgente de productos de Inteligencia Artificial, según recogió la cobertura de aquellos meses.

Durante 2023, esa alarma se trasladó a la prensa y al análisis financiero: se habló abiertamente de que ChatGPT podía sustituir la forma en que la gente buscaba información, quitándole a Google el paso intermedio del buscador. La idea circuló con fuerza durante todo ese año, alimentada por el crecimiento explosivo de usuarios de ChatGPT.

¿Qué hizo Google como respuesta a esa amenaza?

La urgencia de ese código rojo aceleró el desarrollo de los propios productos de Inteligencia Artificial de Google, un proceso que terminó en el lanzamiento de Bard a principios de 2023 y en su evolución posterior hasta convertirse en Gemini. En paralelo, Google empezó a integrar respuestas generadas por Inteligencia Artificial directamente dentro de su página de resultados.

Esa integración se materializó con AI Overviews, los resúmenes generados por Inteligencia Artificial que aparecen encima de los resultados tradicionales, y más adelante con AI Mode, una forma de búsqueda conversacional dentro del propio buscador. En vez de dejar que ChatGPT ocupara ese terreno, Google decidió construir su propia versión dentro de su producto principal.

¿Qué cuota de mercado tiene Google en 2026, tres años después?

Lejos de perder terreno, Google mantiene una cuota de mercado del 90,39% en búsquedas a nivel mundial en 2026, según datos recogidos ese mismo año. Es prácticamente la misma posición dominante que tenía antes de que ChatGPT existiera, algo que resulta llamativo frente a lo que se anunciaba en 2023.

Los ingresos por publicidad de búsqueda de Google también crecieron en ese periodo en lugar de encogerse. En el segundo trimestre de 2026, los ingresos de Search Ads alcanzaron 63.300 millones de dólares, un 17% más que el mismo trimestre del año anterior, según el informe de resultados de Alphabet correspondiente a ese trimestre.

¿Y qué pasó con ChatGPT y OpenAI durante ese mismo tiempo?

ChatGPT sí creció de forma extraordinaria como producto de consumo, y sigue siendo el asistente conversacional más usado del mundo en 2026. Pero crecer como producto de consulta no fue lo mismo que sustituir a Google como la infraestructura sobre la que se organiza la mayor parte de las búsquedas comerciales y locales del planeta.

Esa distinción, entre ser el asistente más popular y ser la infraestructura que sostiene la publicidad de millones de negocios, es la que la predicción original de 2023 no tuvo en cuenta, y es también la que explica por qué ambas cosas, un ChatGPT enorme y un Google enorme, terminaron siendo ciertas a la vez en 2026.

De hecho, la propia OpenAI vivió su versión del mismo susto: el 2 de diciembre de 2025, Sam Altman envió un memo interno declarando un «código rojo» en OpenAI, exactamente el mismo término que había usado Pichai tres años antes, esta vez motivado por la competencia de Google en el terreno de la Inteligencia Artificial. Los papeles, en parte, se invirtieron.

¿Cómo encajan las respuestas de Inteligencia Artificial dentro del negocio de Google?

Uno de los datos más reveladores de estos tres años es que las impresiones totales de búsqueda aumentaron aproximadamente un 49% desde el lanzamiento de AI Overviews, aunque los clics hacia páginas externas cayeran cerca de un 30% en las búsquedas donde aparece ese resumen. Google recibe más consultas que antes, aunque cada una de ellas derive menos tráfico hacia el resto de la web.

Y ese cambio no perjudicó a la publicidad como muchos anticipaban. Los anuncios que aparecen junto a los resúmenes de Inteligencia Artificial pasaron de estar presentes en apenas el 3% de los resultados en enero de 2025 a cerca del 40% en noviembre de ese mismo año, según datos de seguimiento del sector. AI Overviews superó los 1.000 millones de usuarios mensuales, y AI Mode llegó a 75 millones de usuarios en diciembre de 2025.

Estas cifras, leídas juntas, explican mejor que cualquier titular por qué la predicción de 2023 no se cumplió: Google no se limitó a resistir el golpe, integró la propia tecnología que se suponía que iba a destruirlo, y convirtió esa integración en una fuente adicional de ingresos publicitarios en lugar de en una fuga de negocio.

¿Por qué la predicción de 2023 se equivocó?

La predicción asumía que la gente cambiaría de forma masiva y rápida un hábito construido durante más de veinte años, el de teclear una consulta en un buscador, por otro completamente distinto, el de conversar con un chatbot. Los hábitos de este tamaño no cambian con la velocidad con la que cambia una moda tecnológica, y Google además contaba con algo que ChatGPT no tenía en 2023: el propio buscador, con toda su infraestructura publicitaria y su base de usuarios ya construida.

En vez de que un producto nuevo sustituyera al viejo, lo que ocurrió fue que el viejo absorbió lo nuevo dentro de sí mismo. Google no dejó que la conversación con Inteligencia Artificial ocurriera fuera de su ecosistema, la trajo dentro del propio buscador, y eso resultó decisivo para que no perdiera la posición que se daba por perdida en 2023.

¿Qué enseña este caso sobre las predicciones tecnológicas muy repetidas?

Que una predicción se repita mucho, en muchos medios y con mucha convicción, no la hace más probable de cumplirse. La afirmación de que ChatGPT acabaría con Google en un año se basaba en una intuición razonable sobre el comportamiento de la gente, pero subestimó tanto la capacidad de reacción de una empresa con los recursos de Google como la inercia real de un hábito instalado durante dos décadas.

Este patrón se repite con frecuencia en el terreno de la Inteligencia Artificial: se anuncia el fin inminente de algo establecido, y lo que ocurre en la práctica, con datos y fechas concretas por delante, suele ser una adaptación mutua entre lo viejo y lo nuevo, no una sustitución limpia y rápida como la que se prometía en los titulares.

¿Qué papel tuvo la publicidad en que Google resistiera?

Gran parte de la fortaleza de Google no viene solo del buscador en sí, sino de la maquinaria publicitaria construida alrededor de él durante más de veinte años, con anunciantes de todos los tamaños ya integrados en su sistema. ChatGPT, en 2023, no tenía nada parecido, y construir esa infraestructura desde cero, con la confianza de millones de anunciantes, no es algo que se logre en un año, por rápido que crezca un producto de consumo.

Ese detalle es el que muchas de las predicciones de 2023 pasaron por alto. Sustituir a un buscador no es solo ofrecer respuestas mejores, es sustituir también el modelo de negocio completo que hay detrás, y ese es un cambio que se mide en años, no en trimestres, incluso cuando el producto que amenaza crece tan rápido como creció ChatGPT.

¿Sigue existiendo el riesgo para Google a más largo plazo?

Los propios datos de 2026 muestran una tensión real que convendría no minimizar: menos clics hacia páginas externas por cada búsqueda, aunque compensados por más búsquedas en total, es un equilibrio que depende de que ese volumen de consultas siga creciendo al mismo ritmo. Si en algún momento dejara de hacerlo, la ecuación cambiaría.

Pero eso es un riesgo distinto al que se anunció en 2023, y llega por un camino distinto: no por la desaparición del buscador frente a un competidor externo, sino por una transformación lenta de cómo se usa el propio buscador, dirigida en gran parte por el mismo Google que en su día temió quedarse fuera de esa transformación.

Para cualquier profesional que sigue este tipo de noticias con la idea de que un cambio grande siempre llega de golpe, este caso deja una lección más útil que la predicción original: los cambios reales en tecnología casi nunca ocurren como titular de un solo día, ocurren como una acumulación lenta de decisiones, trimestre a trimestre, que solo se ve con claridad cuando se mira hacia atrás con fechas concretas delante.


Sobre el autor

Javier G. Amblar lleva 27 años trabajando en formación de profesionales, con más de 33.000 alumnos en 55 países. Fue profesor asociado del IE Business School, con el Premio a la Excelencia Docente entre sus reconocimientos, y ha colaborado con RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio. Es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018), su canal de YouTube supera los 368.000 suscriptores y su comunidad en línea reúne a más de 500.000 personas. Conoce RADAR, su servicio para comprobar qué dice de ti la Inteligencia Artificial.

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