Una de cada cuatro búsquedas de servicios cercanos, un abogado, una fisioterapeuta, un asesor, ya no pasa por el buscador clásico: pasa por una Inteligencia Artificial. Lo dice una encuesta a 1.110 personas en Estados Unidos publicada por Orbit Media Studios y QuestionPro el 18 de marzo de 2026 y actualizada el 30 de junio de 2026: el 24% de los encuestados dice que prefiere preguntarle a un chat de Inteligencia Artificial antes que buscar en Google cuando necesita un servicio local o de negocio. Es la categoría donde el buscador tradicional aguanta mejor. Y aun así, ya ha perdido una cuarta parte del terreno.
¿Cuánta gente ya le pregunta a una Inteligencia Artificial antes de buscar cerca de ti?
El dato exacto es 24% en 2026, frente al 26% de 2025, según el mismo estudio de Orbit Media Studios. La caída de dos puntos no significa que la tendencia se frene: significa que la búsqueda local es, de todas las categorías medidas, la que más resiste. En preguntas más generales el giro es mucho mayor: el 55% de los encuestados ya usa una Inteligencia Artificial como herramienta principal o frecuente de investigación en 2026, frente al 48% del año anterior.
Dicho de otra forma: en el terreno donde peor le va a ChatGPT o a Gemini frente a Google, uno de cada cuatro clientes potenciales ya no te va a encontrar buscando. Te va a encontrar, o no, porque una Inteligencia Artificial decidió mencionarte.
¿Por qué la búsqueda local resiste más que el resto?
El propio estudio lo explica con sencillez: las Inteligencias Artificiales todavía no integran bien con mapas y datos de ubicación en tiempo real. Preguntar «cuál es el mejor asesor fiscal cerca de mí» exige cruzar geolocalización, horarios y disponibilidad, algo que Google Maps lleva años perfeccionando y que un modelo de lenguaje todavía hace peor.
Pero «todavía» es la palabra que importa. El mismo informe de marzo de 2026 recoge que los AI Overviews de Google, los resúmenes generados por Inteligencia Artificial que aparecen encima de los resultados normales, ya se muestran en el 76% de las páginas de resultados de búsqueda, según un estudio citado por Search Engine Land. Cuando ese resumen incorpora datos locales, la frontera entre «buscar en Google» y «preguntarle a una Inteligencia Artificial» empieza a desdibujarse dentro del propio buscador.
¿Qué pasa cuando ese 24% te pregunta a ti y la respuesta trae otro nombre?
Aquí está el problema real, y no es solo de volumen. Cuando alguien busca en Google, ve una lista de diez o veinte opciones y elige. Cuando alguien le pregunta a una Inteligencia Artificial, recibe dos o tres nombres con una recomendación ya formada. Si no eres uno de esos nombres, esa persona nunca llega a saber que existes, por muy bien posicionada que esté tu web en el buscador tradicional.
Este es el primero de los problemas de fondo que sostiene la conversación sobre visibilidad ante la Inteligencia Artificial: puedes tener la ficha impecable, las reseñas cuidadas y la web al día, y seguir siendo invisible para quien ya no busca, sino que pregunta.
¿Estar bien posicionado en Google todavía es suficiente?
Era suficiente cuando toda la demanda pasaba por un único canal. Ahora mismo, según el mismo estudio, el 72% de los encuestados usa una Inteligencia Artificial al menos una vez al día, un salto enorme si se compara con el uso prácticamente nulo de hace tres años y medio. Ese uso diario no se limita a curiosidades: incluye buscar recomendaciones y tomar decisiones de compra.
El posicionamiento en Google sigue importando, y va a seguir importando durante años. Pero ya no es el único filtro por el que pasa un cliente antes de decidir a quién llamar. Es uno de los dos, y el segundo crece más rápido que el primero.
¿Qué mira una Inteligencia Artificial cuando alguien le pregunta «cerca de mí»?
No mira exactamente lo mismo que Google Maps. Cruza información de tu ficha de negocio, de tu web, de directorios, de menciones de terceros y de lo que otras fuentes dicen sobre ti, y construye una respuesta a partir de esa mezcla. Si esa mezcla es escasa, desactualizada o contradictoria, la Inteligencia Artificial no se detiene a pedirte que la corrijas: responde igual, con la información que tiene, y suena tan segura como si tuviera razón.
Esa es la diferencia real con el buscador clásico. Google te enseña diez resultados y tú decides. La Inteligencia Artificial decide por ti cuáles de esos diez resultados merecen mencionarse, y tú no estás delante para corregirla en el momento.
El cliente que nunca llegó a llamar
El daño de este problema no se ve en ningún panel de analítica. Nadie recibe una notificación que diga «una Inteligencia Artificial no te mencionó cuando alguien preguntó por tu especialidad en tu ciudad». Simplemente, ese cliente no aparece. No hay una consulta perdida que puedas rastrear, porque nunca llegó a producirse el contacto.
Es la versión silenciosa de perder un cliente: no hay queja, no hay rebote de web, no hay nada que auditar salvo la ausencia misma. Y una ausencia, por definición, no deja rastro hasta que alguien se pone a buscarla de manera intencionada.
¿Qué diferencia hay entre estar indexado y estar citado?
Estar indexado en Google significa que el buscador conoce tu web y puede mostrarla si encaja con una búsqueda. Estar citado por una Inteligencia Artificial es otra cosa: significa que, entre todas las fuentes disponibles, el sistema decidió que tu nombre merecía aparecer en la respuesta final que recibe el usuario.
Puedes estar perfectamente indexado y no ser citado nunca. De hecho, es lo más habitual: la mayoría de negocios locales aparecen en Google sin ningún problema y, al mismo tiempo, son completamente invisibles cuando alguien le hace la misma pregunta a ChatGPT, Gemini o Perplexity.
¿Por qué esta cifra va a subir, no a bajar?
El propio estudio de Orbit Media detecta una tendencia clara en el resto de categorías analizadas: la Inteligencia Artificial gana terreno en instrucciones paso a paso, en información médica, en planificación de viajes y en recomendaciones generales, aunque la búsqueda local sea, de momento, el terreno más resistente. La razón que da el estudio es puramente técnica, la integración con mapas y datos en tiempo real, no una preferencia estable del usuario.
Los problemas técnicos se resuelven. Cuando eso ocurra, no hay motivo para pensar que la búsqueda local se comporte de forma distinta al resto de categorías, todas ellas en subida constante desde que existe este tipo de medición.
Qué puedes comprobar tú mismo hoy
No hace falta esperar a un estudio para saber si esto te afecta. Abre ChatGPT, Gemini o Perplexity y pregunta exactamente lo que preguntaría un cliente: tu especialidad, tu ciudad, tu tipo de servicio. Mira si apareces, y si apareces, mira qué dice de ti.
La mayoría de profesionales que hacen esta prueba por primera vez se llevan una sorpresa, y no suele ser una sorpresa agradable. La ausencia es el resultado más común. El segundo más común es aparecer con datos viejos o incompletos, que es un problema distinto pero igual de serio.
No es un caso aislado. Ya lo tratamos con más detalle en ¿Usar IA para escribir es hacer trampa o ser más inteligente?, y el mismo mecanismo aparece en Solo 36 marcas del mundo consiguen que la Inteligencia Artificial las mencione siempre. Tu ficha de Google no te mete en esa lista.
Sobre el autor
Javier G. Amblar lleva 27 años trabajando en consultoría estratégica y ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países. Fue profesor asociado del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente, ha colaborado con RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio, y es autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018). Dirige un canal de YouTube con más de 368.000 suscriptores y una comunidad en línea de más de 500.000 personas. Hoy dedica buena parte de su trabajo a RADAR, su servicio de medición continua de la presencia de un profesional o un negocio ante los principales motores de Inteligencia Artificial.


