Amazon demandó a un agente de Inteligencia Artificial por hacerse pasar por humano al comprar. Esto tiene que ver contigo si usas un asistente automático con tus clientes

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Amazon demandó a Perplexity porque su navegador con Inteligencia Artificial, llamado Comet, compraba en su plataforma sin identificarse como un agente automático. No es un detalle técnico menor: es exactamente el mismo problema que enfrenta cualquier profesional que usa un asistente automatizado para hablar con sus clientes sin decirles que están hablando con una máquina.

Lo que Amazon acusó a Perplexity de hacer

Amazon presentó la demanda en noviembre de 2025 ante el Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Norte de California, acusando a Perplexity de acceder de forma encubierta a las cuentas de clientes a través de Comet, su navegador con capacidades de agente. Según la acusación, Comet iniciaba sesión con las credenciales de los usuarios y completaba compras en su nombre sin que Amazon pudiera identificar que se trataba de un sistema automatizado y no de una persona navegando de forma normal.

Amazon ya había enviado un aviso de cese a Perplexity en noviembre de 2024, advirtiendo que cualquier agente de Inteligencia Artificial que operara en su plataforma debía identificarse con claridad y no podía hacerse pasar por un usuario humano. Perplexity siguió adelante de todas formas con Comet, lo que llevó a Amazon a los tribunales.

La orden judicial de marzo de 2026 en San Francisco

En marzo de 2026, la jueza de distrito Maxine Chesney, del tribunal federal de San Francisco, dictó una orden judicial preliminar a favor de Amazon. Según la información recogida por Bloomberg y publicada por Infobae, Chesney consideró que Amazon había presentado pruebas contundentes de que Comet accedía a áreas protegidas de la plataforma sin la autorización de la empresa, pese a contar con el consentimiento de los usuarios que habían instalado la herramienta. La orden obligaba a Perplexity a dejar de acceder a las cuentas de Amazon a través de su agente y a destruir cualquier copia de los datos obtenidos por esa vía.

El giro de agosto: qué dijo la Corte de Apelaciones

El caso no terminó ahí. En agosto de 2026, la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito revocó esa orden preliminar, según reportó el medio especializado The Decoder y recogió DiarioBitcoin. El argumento del tribunal fue de atribución: consideró que quienes acceden a Amazon a través de un agente de Inteligencia Artificial son los propios usuarios, no la empresa que desarrolla el asistente, por lo que resulta poco probable que se configure una violación de la ley federal de fraude informático. Es el primer fallo de un tribunal de apelaciones estadounidense sobre si los agentes de Inteligencia Artificial pueden actuar en nombre de un usuario dentro de una plataforma ajena sin permiso explícito de esa plataforma.

Por qué el litigio de fondo sigue abierto

La revocación de la orden preliminar no cierra el caso. El fondo del asunto, si Perplexity violó los términos de uso de Amazon y si su forma de operar constituye fraude informático, sigue sin resolverse en los tribunales. Amazon ya anunció que no acepta el resultado de la apelación y continuará litigando. Mientras tanto, Comet ha podido volver a operar en Amazon, al menos hasta que haya una resolución definitiva sobre el fondo.

La relación comercial que complica el conflicto

El enfrentamiento judicial convive con una relación comercial que no deja de llamar la atención. Perplexity es cliente de Amazon Web Services, con compromisos de gasto que según reportes especializados alcanzan cientos de millones de dólares, y Jeff Bezos, el fundador de Amazon, figura entre los inversores de Perplexity. Dos empresas que hacen negocios entre sí en otros terrenos se enfrentan al mismo tiempo en los tribunales por cómo se identifica un agente de Inteligencia Artificial dentro de una plataforma ajena. Esto no resta gravedad al asunto de fondo, más bien confirma que el problema de la transparencia no depende de si dos empresas se llevan bien o mal, depende de un principio que ninguna relación comercial sustituye.

El problema no es la tecnología, es la transparencia

Lo interesante de este caso, más allá de quién gane el litigio, es el principio que puso Amazon sobre la mesa desde el primer aviso de cese: un agente de Inteligencia Artificial que actúa en nombre de una persona tiene que identificarse como tal. No es una cuestión de si la tecnología funciona bien o mal, es una cuestión de si la otra parte, sea una plataforma o un cliente, sabe con quién o con qué está interactuando en realidad.

Ese principio no depende de cómo termine el pleito entre dos empresas estadounidenses. Depende de un criterio mucho más simple: nadie debería descubrir después del hecho que estaba hablando con una máquina cuando creía estar hablando con una persona.

Amazon defendió su posición con una frase que resume el fondo del conflicto: la medida busca mantener una experiencia de compra de confianza para sus clientes. Perplexity, por su parte, sostuvo que los agentes que actúan en nombre de un usuario deberían tener los mismos derechos que ese usuario, y calificó la demanda de un intento de limitar la libertad de elegir qué inteligencia artificial usar para navegar por internet. Ambos argumentos tienen su lógica dentro del contexto de una disputa entre dos gigantes tecnológicos, pero para el profesional que lee esta noticia desde fuera, la pregunta relevante no es quién tiene razón en el litigio, es qué estándar de transparencia está dispuesto a exigirse a sí mismo en su propio negocio, exista o no una demanda de por medio.

Lo que Amazon exige y que casi nadie replica en su propio negocio

Amazon construyó sus propias herramientas de Inteligencia Artificial, como el asistente Rufus o la función Buy For Me, y las identifica con claridad dentro de su plataforma. Exige lo mismo a terceros: que cualquier sistema automatizado que actúe en su entorno se declare como tal. Es una exigencia razonable, y sin embargo, en la práctica diaria de miles de negocios pequeños y medianos, ocurre justo lo contrario: chatbots que responden como si fueran una persona del equipo, mensajes automáticos de WhatsApp firmados con un nombre propio, respuestas generadas por Inteligencia Artificial que se presentan sin ninguna aclaración.

Si usas un asistente automático con tus clientes, esto te afecta directamente

Si en tu negocio usas un asistente automatizado para responder consultas, cerrar citas o hacer seguimiento a clientes, el caso Amazon contra Perplexity no es una noticia lejana sobre grandes tecnológicas. Es un espejo de la misma obligación que tienes tú, a otra escala. Un cliente que descubre que llevaba semanas hablando con un sistema automático sin que nadie se lo dijera no solo se siente engañado, empieza a dudar de todo lo demás que ese negocio le ha comunicado.

La diferencia entre automatizar y suplantar

Automatizar una tarea no es un problema, es una decisión legítima de gestión, y cada vez más negocios lo hacen con buen criterio. Suplantar a una persona, hacer que un cliente crea que está hablando con alguien del equipo cuando en realidad es un sistema, es otra cosa completamente distinta, y es exactamente lo que Amazon le reprochó a Perplexity. La línea entre ambas conductas es fina, pero es clara: basta con decir, en algún punto de la conversación, que quien responde es un asistente automatizado.

Un precedente que no depende de dónde vivas

Aunque el caso se dirime en un tribunal de California y bajo una ley federal estadounidense, el criterio que defendió Amazon no es exclusivo de Estados Unidos. Es una expectativa que cualquier cliente, en cualquier país donde se hable español, ya tiene sin necesidad de que se la expliquen: quiere saber si está hablando con una persona o con un sistema. La ausencia de una ley específica en España que obligue a declarar el uso de agentes de Inteligencia Artificial no significa que la expectativa del cliente sea distinta, solo significa que, por ahora, depende enteramente del criterio de quien dirige el negocio.

Lo que puedes hacer hoy sin esperar a que una ley te obligue

No hace falta esperar a que exista una regulación específica en España sobre identificación de agentes de Inteligencia Artificial para aplicar este criterio. Basta con revisar los puntos de contacto automatizados de tu negocio, el chat de la web, el bot de WhatsApp, las respuestas automáticas de correo, y preguntarte si un cliente que interactúa con ellos sabe, sin ambigüedad, que no está hablando con una persona. Si la respuesta no es un sí rotundo, ahí hay algo que ajustar antes de que sea un cliente, y no un juez, quien lo señale.

La confianza no se recupera con un fallo judicial

Amazon puede ganar o perder el litigio de fondo contra Perplexity, y ese resultado importará para el sector tecnológico y para cómo se regulan los agentes de Inteligencia Artificial en el futuro. Pero ningún fallo judicial recupera la confianza de un cliente que se sintió engañado por un negocio pequeño que no fue transparente sobre el uso de estas herramientas. Esa confianza se protege antes, con criterio propio, no después, con una sentencia.

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Sobre el autor

Javier G. Amblar es consultor estratégico senior con 27 años de experiencia, exprofesor asociado del IE Business School con el Premio a la Excelencia Docente, autor del libro Liderazgo (Editatum, 2018) y colaborador habitual en RTVE, Telemadrid, Onda Cero y EsRadio. Ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países.

Dirige el canal de YouTube The Evolution Mind, con más de 368.000 suscriptores, y una comunidad en línea de más de 500.000 personas.

Si quieres saber qué dice hoy la Inteligencia Artificial sobre tu nombre y tu negocio, puedes comprobarlo en RADAR. Y si prefieres construir tu actividad profesional con criterio propio antes de que un algoritmo decida por ti, puedes conocer Evolution.

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