La accesibilidad web y la Inteligencia Artificial se han cruzado en el peor sitio posible: en una demanda judicial. Cientos de negocios pequeños instalaron un pequeño programa que prometía dejar su página en regla de forma automática, con Inteligencia Artificial y sin tocar nada, y fueron demandados igualmente. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos acabó multando con un millón de dólares a la empresa que vendía esa promesa. Si tienes una web profesional, y sobre todo si la has montado o rehecho en el último año, esto te afecta más de lo que parece.
Qué le pasó al dueño de un negocio pequeño que creía tenerlo resuelto
El caso que circula en foros de propietarios de negocios es siempre el mismo, con nombres distintos. Alguien recibe una carta de un despacho, o directamente una demanda, porque su página no cumple los estándares de accesibilidad. No hay clientes enfadados, no hay daño visible, no hay aviso previo. Hay un requerimiento y una cifra.
Lo que descoloca a esa persona no es la demanda en sí, es haber creído que ya estaba cubierta. Muchos habían instalado uno de esos botones flotantes con el icono del muñequito que aparece en la esquina de tantas webs y que promete ajustar contrastes, tamaños de letra y lectura para personas con discapacidad. Pagaron su cuota mensual, vieron el botón funcionando y dieron el asunto por cerrado.
El parche automático que prometía cumplir en 48 horas costó un millón de dólares
Aquí está el dato que casi nadie ha contado en español. El 3 de enero de 2025, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos anunció un acuerdo con accessiBe, una de las empresas más conocidas de este tipo de herramientas, por publicidad engañosa. La orden quedó aprobada de forma definitiva en abril de 2025 y obliga a la compañía a pagar un millón de dólares y a someterse a informes anuales de cumplimiento durante veinte años.
El motivo fue la promesa. Según la Comisión, la empresa afirmaba que su herramienta «hace que una web cumpla el 30% de los requisitos de las pautas de accesibilidad de forma inmediata e inicia un proceso de Inteligencia Artificial que la hace plenamente conforme con el 70% restante en 48 horas». En la práctica, el organismo constató que menús, encabezados, tablas, imágenes y grabaciones seguían sin ser accesibles. Los tribunales, por su parte, han rechazado de forma reiterada que tener instalado uno de estos programas sirva como prueba de cumplimiento.
El patrón es viejo y lo hemos visto otras veces: a la Inteligencia Artificial se le atribuyen capacidades que no tiene, y quien compra la promesa acaba pagando la diferencia entre lo prometido y lo entregado.
Por qué esto ha dejado de ser un asunto estadounidense
Puedes pensar que las demandas por accesibilidad son cosa de allí. Ya no. La Ley Europea de Accesibilidad, la Directiva 2019/882, es aplicable desde el 28 de junio de 2025 y alcanza al comercio electrónico, la banca en línea, el transporte, las plataformas de contenidos y las aplicaciones móviles. En España se ha incorporado a través de la Ley 11/2023 y su reglamento de desarrollo, y la referencia técnica es la norma UNE-EN 301549, alineada con las pautas WCAG 2.1 en nivel AA.
Las webs que ya existían tienen un periodo de adaptación que llega hasta el 28 de junio de 2030, pero las que se lanzan desde junio de 2025 deben cumplir desde el primer día. Existe además una exención para microempresas de servicios, con menos de diez personas y menos de dos millones de facturación, aunque su alcance exacto depende de qué vendas y cómo. Esto no es asesoramiento legal y conviene que lo confirmes con quien lleve tu asesoría antes de dar por hecho que estás fuera.
Qué puedes revisar tú esta tarde sin saber programar
Lo primero, dejar de pensar que un botón lo arregla. Lo segundo, comprobar cinco cosas que se ven a simple vista y que concentran la mayoría de los problemas reales.
Si tu web tiene imágenes con información, mira si llevan un texto que describa lo que se ve, porque es lo que lee en voz alta un lector de pantalla. Prueba a recorrer tu página entera usando solo la tecla del tabulador, sin ratón, y comprueba si puedes llegar al formulario de contacto y enviarlo. Mira si tus vídeos tienen subtítulos de verdad y no la transcripción automática sin revisar. Comprueba que el texto gris claro sobre fondo blanco de tu plantilla se lee sin forzar la vista. Y revisa si los campos de tus formularios tienen etiqueta propia o solo un texto de ejemplo dentro que desaparece al escribir.
Ninguna de esas comprobaciones exige un técnico. Exige media hora y la voluntad de mirar tu propia página como la mira alguien que no ve bien, que no puede usar el ratón o que tiene sesenta y cinco años y la vista cansada, que es exactamente el perfil de mucha gente que te va a contratar.
La lección de fondo, y no va de accesibilidad
Este caso es un aviso sobre algo más grande. Se está vendiendo mucha automatización con la etiqueta de Inteligencia Artificial que resuelve la apariencia del problema y no el problema. El widget hacía que la web pareciera accesible. El informe generado en dos minutos parece un informe. El texto redactado en diez segundos parece un texto trabajado.
La responsabilidad, en cambio, no se automatiza. Cuando llega la demanda, la carta o la queja del cliente, quien responde eres tú, no el proveedor de la herramienta. Tu página web es tu consulta, tu despacho o tu tienda vistos desde fuera, y lo que aparece de ti en internet ha dejado de ser un escaparate para convertirse en tu identidad profesional. Delegar eso en un parche mensual sale barato hasta el día que sale muy caro.
Que conste que la herramienta no es el enemigo. Un buen programa de revisión te señala en un minuto errores que tardarías horas en encontrar. El error está en confundir la ayuda con la garantía, que es uno de los malentendidos más caros que sigue circulando sobre la Inteligencia Artificial, y no precisamente entre gente ingenua.
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