Operator y la Inteligencia Artificial que hace las tareas por ti

Una IA que reserva vuelos, hace la compra y gestiona citas médicas por ti. ¿Estamos ante el asistente virtual definitivo? OpenAI Operator lo promete.

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La Inteligencia Artificial que hace las tareas por ti existe y ya se puede usar: se llama agente, abre páginas web, rellena formularios, compara opciones y te deja la tarea casi terminada para que tú confirmes el último paso. Operator, el agente que OpenAI presentó en enero de 2025, fue el primero que llegó al gran público, y desde julio de 2025 forma parte de ChatGPT con el nombre de modo agente. Para quien trabaja con sus propios clientes, su valor está en las gestiones que roban horas sin aportar nada: buscar, comparar, reservar, descargar.

Lo que sigue es una explicación sin promesas de ciencia ficción: qué hace de verdad un agente, en qué tareas te devuelve tiempo, cómo se le delega bien y dónde conviene no soltar el volante.

Qué fue Operator y en qué se ha convertido

OpenAI lanzó Operator el 23 de enero de 2025, primero para los usuarios de su plan más caro en Estados Unidos. Era un asistente con su propio navegador: le pedías, por ejemplo, que reservara una mesa para dos a las nueve, y él abría la web del restaurante, buscaba el hueco y te avisaba si no había disponibilidad. Para pagar o introducir datos personales, te pedía que tomaras tú el control.

Funcionaba con un modelo que OpenAI llamó Computer-Using Agent, capaz de mirar la pantalla como lo haría una persona y decidir dónde hacer clic. Era lento y se equivocaba a menudo, pero enseñaba algo nuevo: una Inteligencia Artificial que, aparte de responder, actúa.

El 17 de julio de 2025, OpenAI unió Operator con su función de investigación en profundidad y lo integró en ChatGPT como agente, disponible también en los planes de pago más comunes. Operator como producto independiente desapareció. La idea siguió, y hoy otros asistentes, como Claude con su extensión para el navegador Chrome, ofrecen capacidades parecidas.

Qué es exactamente un agente de Inteligencia Artificial

Un asistente normal contesta. Un agente recibe un objetivo y da los pasos necesarios para alcanzarlo.

Si le pides a un asistente que te diga qué seguros de responsabilidad civil hay para tu profesión, te dará una lista. Si se lo pides a un agente, entrará en las webs de las aseguradoras, buscará las condiciones, las pondrá en una tabla y te dirá cuál encaja mejor con lo que le contaste. La diferencia es que el segundo navega, lee y decide qué hacer después de cada paso.

Por dentro, todos siguen el mismo ciclo: entienden lo que pides, miran lo que tienen delante, deciden la siguiente acción, la ejecutan y vuelven a mirar. Lo repiten hasta terminar o hasta encontrar algo que necesita tu decisión.

Las tareas que sí merece la pena delegar

No todo se delega igual de bien. Los agentes rinden mejor en tareas que tienen estas tres características: pasos claros, información pública en la web y un resultado fácil de revisar.

  • Comparar proveedores, tarifas o condiciones y dejarlo en una tabla.
  • Buscar y reservar una sala para un taller o una charla, a falta de tu confirmación.
  • Descargar facturas de varios portales y ordenarlas en una carpeta.
  • Investigar un tema concreto y traerte un resumen con las fuentes enlazadas.
  • Rellenar formularios largos con datos que le das tú.

Lo que peor delegan son las tareas con criterio fino, las que dependen de conocer a una persona o las que no admiten error. Ahí sigues siendo tú.

El ejemplo de Elena y la tarde de gestiones

Elena es psicóloga y tiene consulta propia desde hace quince años. Su trabajo con pacientes no lo delega en nadie. Lo que la agota es todo lo demás.

Un lunes de octubre tiene pendiente renovar el seguro de responsabilidad civil, encontrar una sala para un taller que quiere dar en enero y reunir las facturas de tres proveedores para su gestor. Antes eso le llevaba la tarde del viernes.

Ahora lo plantea de otra manera. Le pide al agente que compare cuatro aseguradoras con unos criterios concretos y le deje una tabla. Le pide que busque salas para veinte personas en su ciudad, con fecha y presupuesto aproximado, y que deje la reserva preparada sin confirmar. Las facturas las descarga ella, porque los portales le piden la contraseña y prefiere no compartirla. Mientras el agente trabaja, ella prepara la sesión del día siguiente.

Al final de la tarde revisa la tabla, descarta una aseguradora que no la convence, llama a la sala que más le gusta y confirma ella misma. Ha delegado lo pesado y se ha quedado lo que requiere criterio.

Cómo delegar bien en un agente

Delegar en una máquina se parece mucho a delegar en una persona nueva. Lo que funciona con uno funciona con el otro.

  1. Explica el objetivo, no solo la tarea. «Busca una sala» da peores resultados que «busca una sala para un taller de veinte personas, luminosa, cerca del centro, para un sábado de enero».
  2. Pon los límites por escrito. Qué puede hacer y qué no: puede comparar y preparar, pero no pagar ni confirmar nada sin preguntarte.
  3. Pide el resultado en un formato que puedas revisar rápido. Una tabla, una lista corta, tres opciones con sus pros y contras.
  4. Revisa antes de cerrar. El agente se equivoca, sobre todo en tareas largas. Tu revisión es la parte que no se delega.

En este periódico se explicó en su momento cómo funciona el agente de ChatGPT cuando se lanzó, y también el navegador Comet, que lleva la misma idea al propio navegador.

Lo que he visto al enseñar esto

Cuando enseño a profesionales a usar agentes, el primer impulso casi siempre es pedirles algo enorme: «organízame la semana», «gestióname el correo». Y casi siempre sale mal. El agente no es malo. Es que nadie delega así ni en una persona.

Lo que funciona es empezar por una tarea pequeña y aburrida que hagas cada mes. Cuando el agente la resuelve bien dos o tres veces, se gana tu confianza para la siguiente. Es la misma lógica que con un colaborador nuevo, y me parece la forma más sensata de incorporar esta tecnología a una consulta o un despacho.

Dónde conviene no soltar el volante

Un agente actúa en sistemas reales, y eso exige prudencia. Si le das acceso a tus cuentas, a tu tarjeta o a tu correo, puede hacer cosas que no esperabas, simplemente porque interpretó tu objetivo de una forma distinta a la tuya. Los mejores agentes piden confirmación antes de pagar, enviar o borrar algo. Mantén esa opción activada siempre.

Tampoco son rápidos. Una tarea que tú harías en diez minutos puede llevarle veinte. La ventaja está en otra parte: mientras tanto, tú haces otra cosa.

Y hay tareas que no deberían delegarse nunca: todo lo que tenga que ver con la atención directa a tus clientes o pacientes, con decisiones que afectan a terceros o con información confidencial que no deba salir de tu despacho.

Qué cambia en tu semana cuando delegas bien

Lo primero que se nota no es el tiempo ganado. Es la cabeza más despejada. Las gestiones pendientes ocupan sitio aunque no las estés haciendo, y cuando sabes que alguien las está preparando, ese sitio queda libre para lo que importa.

Lo segundo es el orden. Un agente bien instruido te devuelve siempre el mismo formato: la tabla con las mismas columnas, la lista con los mismos criterios. Al cabo de unas semanas tienes un archivo de comparativas y decisiones que antes estaba repartido entre notas, correos y memoria.

Y lo tercero, que casi nadie espera, es que decides mejor. Cuando comparar cuatro opciones te costaba una tarde, te conformabas con dos. Cuando te cuesta un mensaje, comparas las cuatro. No es que la máquina decida por ti. Es que te da más donde elegir con el mismo esfuerzo.

Nada de esto requiere conocimientos técnicos. Requiere algo que cualquier profesional con experiencia ya sabe hacer: explicar con claridad qué quiere, para cuándo y con qué condiciones. Es lo mismo que haces cuando le encargas algo a un colaborador de confianza, solo que ahora el colaborador trabaja a cualquier hora y no se cansa de comparar tarifas.

Por dónde empezar

Elige una gestión que repitas cada mes y que no te aporte nada. Escribe en un párrafo qué quieres conseguir, con qué límites y en qué formato quieres el resultado. Pruébala con el agente de tu asistente habitual y revisa lo que te devuelve.

La habilidad que de verdad te hace ganar tiempo no es dominar un agente concreto, que cambiará de nombre como cambió Operator. Es saber explicarle a una Inteligencia Artificial lo que quieres, con contexto y con límites. Con Claude esa habilidad se aprende rápido, y te sirve para delegar las gestiones y para todo lo demás. En este periódico hay una pieza sobre lo que Claude te quita de encima para atender a más gente sin alargar la jornada, y en mi curso enseño a trabajar así desde el primer día. Saber más.


Sobre el autor

Javier G. Amblar suma 27 años como consultor estratégico. Es exprofesor asociado del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente, y ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países. Autor de Liderazgo (Editatum, 2018), colaborador de RTVE, Telemadrid, Onda Cero, EsRadio y Canal 24h, reúne una comunidad en línea de más de 500.000 personas. Hoy enseña a profesionales con consulta o despacho propio a delegar en Claude lo que no requiere su criterio. Entra aquí.

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Nota de elaboración y validación

Este artículo se ha elaborado con asistencia de inteligencia artificial para la búsqueda, organización y síntesis de información. El texto final, sus fuentes y sus conclusiones han sido revisados y validados por Anabel Blanco, Editora de IA Actual y Javier G. Amblar, Editor de IA Actual.

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